La Cuaresma, experiencia de vida

*Pbro. Anuar Elián Monsalve García
Columnista

Celebramos en la Iglesia el inicio de la Cuaresma, tiempo que se caracteriza por mantener al hombre en tensión y le permite profundizar en lo más íntimo de su ser. La Cuaresma nos convoca con seriedad a abrazar la cruz y a darle sentido a esta única vida que tenemos. San Agustín decía: “En la cruz, ¿fue Cristo el que murió, o fue la muerte la que murió en Él? ¡Oh qué muerte, que mató a la muerte!”.

Hoy asistimos a un ser humano que lo tiene todo, pero se siente trágico y con una profunda herida existencial. La Cuaresma nos informa que Cristo crucificado ha derrotado la muerte. Preguntémonos hoy ¿Qué muertes ha vencido el crucificado?

Miremos la realidad del mundo y del ser humano, Cristo vence hoy la muerte del aborto, de la eutanasia, de la eugenesia, de la indiferencia, de la corrupción, del odio, del rencor y de la violencia. Nos podemos preguntar ¿Qué clase de victoria es esta cuando vemos muerte por doquier?

La primera victoria del Señor es en el corazón de cada hombre. Cuando el ser humano experimenta la vida de Cristo no es capaz de volver a sus antiguas muertes. Como Cristianos, ¿a qué estamos llamados?. La Cuaresma nos convoca a tres grandes misiones.

En primer lugar, a defender la vida en todas sus manifestaciones, la vida es un don, es una gracia, no es un problema para resolver sino un regalo para disfrutar, la vida nos comunica que el esplendor del otro es un misterio para amar y no para destruir.

En segundo lugar, a dar un paso significativo en el amor. San Juan de la Cruz decía: “donde pones amor, sacas amor”, estamos en una sociedad dominada por la emotividad y los sentimientos y no por el amor. El amor, dice el apóstol San Pablo todo lo puede, todo lo espera, todo lo cree, todo lo soporta. Tenemos que dar paso al amor, y no a cualquier amor, a un amor auténtico, a un amor que va más allá de cualquier emoción y sentimiento. La cruz de Cristo solo se puede ver bajo el prisma del amor, sin amor la cruz del Señor es insoportable.

En tercer lugar, a reconocer a Dios como la fuente inagotable del bien. El ser humano ha querido relegar a Dios, decía Martin Buber “el ser humano ha eclipsado a Dios” y cuando eclipsamos a Dios se oscurece el hombre. Dios es amigo a la puerta dice el profeta, quiere entrar a nuestra vida. ¿Y para qué quiere entrar?, para que la muerte no reine más en la vida.
*Vicerrector de Proyecto de Vida Universidad Católica de Pereira