La corrupción, un flagelo histórico (I)

Carlos Andrés Hernández
Columnista

La corrupción según como la define Alberto Maldonado Copello, en su obra La lucha contra la corrupción en Colombia: “Es el abuso de posiciones de poder o confianza para beneficio particular en detrimento del interés colectivo”. Para entender esta definición es importante tener en cuenta el contexto de este mal trasversal endémico, el cual no solamente se puede visualizar a partir de los hechos ocurridos desde un enfoque estático en los comportamientos institucionales o colectivos, sino que trae consigo una carga profunda a nivel histórico y cultural a través de los siglos en América latina y Colombia.

Desde los inicios del descubrimiento y la conquista no fue fácil dejar atrás el legado del robo, el saqueo y el vandalismo heredado por nuestra madre patria a nuevas tierras; la España de Castilla bajo la expedición del Almirante Colón que según el escritor venezolano Herrera Luque en su obra Los Viajeros de Indias, describe la España enferma con más de 780 años de guerra, con grandes problemas sociales y económicos, una nación en bancarrota, con necesidad de explorar nuevos horizontes que la sacaran de tan penosa situación, no tuvo más opción de enviar a nuevas tierras, a convictos, mercenarios y saqueadores entre otros; salvándose unos pocos frailes, cronistas y empresarios.

Entre las herencias dejadas según Luque, están los comportamientos violentos y psicóticos de la población americana, coincidiendo con las crónicas de Fray Bartalomé de las Casas donde describe la herencia de muerte, genocidios, enfermedades, saqueos y robos dejada por los españoles. Y fue así como en el año 1602 fue registrado el primer escándalo de corrupción en la nueva Colonia de Santafé de Bogotá (fuente El Tiempo), según relato de Juan Rodriguez Freyle en la crónica El Carnero; el primer mandatario del Virreinato de la Corona, el ilustrísimo Francisco de Sande, recibió por parte de la corona el valor de cinco mil pesos oro para ser depositados en la tesorería del virreinato, sin embargo ese dinero fue hurtado y nunca se consignó, hecho que quedó impune.

De igual manera como un cáncer maligno que perdura a través de los tiempos el Presidente de la Gran Colombia, el General Simón Bolívar, Decreta en el año 1824 la pena de muerte para los corruptos que malversen o tomen para si los recursos del Estado con el fin de combatir el flagelo de la corrupción, enfermedad que estaba corroyendo las finanzas de la República, medida que estuvo vigente 39 años y abolida en 1863. Al igual que aquellos tiempos este mal entrañable se ha incrustado en las instituciones y en la sociedad hasta la época actual, la cual a pesar de las leyes y figuras jurídicas y administrativas que se adopten tiende a crecer cada vez más. En próximo artículo continuaremos con la evolución que ha tenido este mal en la historia colombiana.