Instigadores de violencia

Luis Miguel Cárdenas Villada
Columnista

La teoría social comportamental que le da significado a la Sociología Política avanza en la medida que los humanos crean imaginarios colectivos de actitud y aptitud. Nada está dicho porque no todo está dicho, para resolver este galimatías los sofistas en forma dispersa proponen explicaciones de los hechos a manera de explicación con el propósito de formular un teorema. Siempre y como es común entre los individuos humanos, encuentran en la Política la explicación adecuada para ocultar sus habituales malos comportamientos característico de seres eminentemente egoístas. Primero Yo, que al resto se lo lleve el diablo.

En su permanente afán de sobresalir, los humanos estructuran formas de relacionarse donde la violencia es la que produce mejores réditos. Es propio del hombre la pretensión de despuntar frente a los demás hasta el colmo de hacerse el pendejo para concebir la diferencia. Lo importante es el logro particular sin importar el fin general, así traten siempre de negarlo. Logrado el propósito la explicación innecesaria aparece campante, con ella la justificación para la confrontación. La mejor forma de ser importante no es la búsqueda de la convivencia pacífica sino, por el contrario, buscar como ultrajar a los demás, incluyendo los que dicen ser los más cercanos. Se afirma que el fin justifica los medios causando malestar antes que bienestar. Por eso el hombre es un animal político en la medida de actuaciones del Yo, para El los demás solo son súbditos .Soy el mejor, el más avezado e inteligente; no existe comparación valida si para hacerlo no se tiene por analogía el ser que la provoca en condiciones siempre desiguales de niveles de erudición.

Se trae a colación esta singular forma de apreciar para decir que las sociedades en su lento trasegar siempre posicionaran individuos que logren sobresalir para entregarles representación, jamás poder omnímodo debido a la intensión permanente de los hombres de resguardar su individualidad ;la democracia en todas sus expresiones es la mejor demostración de connivencia sustentando en el concepto equivocado con distinción de criterios su cuantificador sin cualificar para nada el comportamiento colectivo.

El Hombre siempre estará dispuesto a violentar si para ello encuentra su beneficio. No es claro apreciar sentimientos comunes si estos no benefician al ser egoísta que prevalece hasta que llega otro que lo supera por inteligencia, formando lo que se podría denominar el avance colectivo de la sociedad, formada siempre por sujetos.

Lo que está sucediendo hoy en Colombia es el corolario de la exposición manifiesta. Un conjunto de individuos procaces alentaron el sesgo político de la interpretación amañada de intereses, matizando el concepto con fundamentos políticos partidistas, creyeron ser eternos hasta que hoy, era de esperarse, otro gran grupo de ciudadanos se caracterizaron, con firmeza levantaron protestas enfatizadas a manifestar que el mundo de los imperecederos tenía que desaparecer por obsolescencia y cansancio de tener siempre los mismos con las mismas. Las marchas de protesta de hoy son producto de la evolución necesaria de un nuevo pensamiento, una nueva inteligencia.

No tienen matiz político, nadie en particular es líder, solo acentúan con firmeza la inevitable pretensión de cambiar porque el pasado no es el mejor referente. Las marchas no las lideran los Petros o Uribes -Duque no cuenta porque nunca ha contado- Las marchas, paros y manifestaciones son el resultado del avance de las fuerzas sociales representadas fundamentalmente por los jóvenes estudiantes, obreros, campesinos, intelectuales y algunos viejos que como Yo estamos convencidos que hay que cederle el paso a la irreverencia justificada de las nuevas generaciones. No instiguemos más violencia, no vale la pena, el mundo de los viejos mañosos se acabó.
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