Inocentes e inconscientes

Rubén Darío Franco Narváez
Columnista

“Inocente palomita te dejaste engañar hoy por ser 28 de diciembre. En nadie debes de confiar”.

Es mayor el número de inconscientes que el de los inocentes. El inconsciente obra de forma irreflexiva e imprudente, sin medir las consecuencias ni el riesgo de sus actos. El inocente está libre de culpa; pero, en la mayoría de casos, sufre el abuso desmedido de los inconscientes.

Hoy, los sacerdotes, en las misas, utilizan el color morado como símbolo de tristeza por los gemidos y llantos de los inocentes. Por eso, debemos medir las tradicionales bromas, para evitar hacer daños. Las inocentadas las vivimos cotidianamente en Colombia.

Menciono unas pocas víctimas inocentes que, por diversas circunstancias, son visibles en nuestra amada Pereira:
Los primeros inocentes son miles de niños que deambulan, como zombis, por los parques y calles céntricas, pidiendo un pan mientras en su mano izquierda exhiben un sucio frasco de solución.

Las segundas inocentes son chiquillas que, semidesnudas ofrecen un rato de placer, a cambio de unas monedas para llevar arroz y panela a sus familias alojadas en tabucos de guadua en barrios marginados de Pereira.
Los terceros inocentes son ancianos que duermen a la intemperie, arrullados con la música hambrienta que retumba en sus desgastados estómagos.

Los cuartos inocentes son los cientos de jóvenes que, con hojas de vida bajo su brazo izquierdo, buscan empleo mientras en sus hogares los mamíferos ratones consumen sus escasos alimentos.
Cómo no hay quinto malo; los inocentes son los incautos que atienden la voz de “líderes” (aquellos con sueldos superiores a los congresistas, que no trabajan y tienen enormes riquezas en el exterior), para protestar por todo y destruir los bienes públicos.

Los sextos inocentes son las Ligas Deportivas que hacen verdaderos milagros con sus afiliados para sostener las prácticas de las diversas disciplinas.

Los séptimos inocentes son víctimas de los brujos que en programas radiales y en sus lujosos consultorios ofrecen servicios esotéricos y de hechicería, dando solución a todos los problemas y, como ñapa, regalan los números ganadores del chance.

Los octavos inocentes son los periodistas honestos que no ceden a los engaños de los inconscientes.
Ahí están las dos caras: inocentes e inconscientes; ¿en cuál de ellas está usted estimado lector?