Herejías

Juan Manuel Buitrago
Columnista

Señor Buitrago, ¿cree que en los pocos años que le quedan puede hacer algo que justifique tener a todo el país paralizado para mantenerlo a usted con vida?. Lo que no hice se quedó sin hacer, pero no creo que los gobernantes de todo el mundo estén pensando en mantener vivos a los ancianos sino en presentar datos para justificarse.

¿Me explica eso, por favor? Los déspotas ilustrados del siglo XVIII profesaban una ilustración reflexiva y justificaban sus abusos de poder con argumentos tomados del pensamiento filosófico surgido después del absolutismo religioso, los déspotas actuales pertenecen a la generación del dataismo surgido al reemplazar el libro con el computador que no le permite al ciudadano pensar sino llenar su cerebro de datos. A nadie le interesa saber por qué están sucediendo las cosas sino cuantos muertos se producen cada día, a cuantos asciende el total y cual era la edad de los fallecidos. El gobernante “comparte” con nosotros diariamente los datos que le llegan y a nadie le interesa investigar si había maneras menos costosas de obtener buenos resultados.

¿No muestra usted ser persona desagradecida al criticar posibles abusos de poder si ya se sabe que son necesarios para protegerlo? En todos los países la pandemia trajo la oportunidad de gobernar con un régimen de emergencia. Ese recurso habilidoso permite superar con medidas dictatoriales desastres administrativos antiguos en un momento en que la corrupción, la crisis fiscal y el deterioro de la gobernabilidad les habían creado una situación de inestabilidad pavorosa a partidos políticos que se quedaron sin discurso. El paternalismo y el miedo inducido surgieron como herramientas milagrosas para salvar a oportunistas desesperados acorralados por manifestaciones de protesta.

Cambiemos de tema. Señor Buitrago, ¿comparte usted el temor, o la ilusión, de que nuestra sociedad será diferente cuando hayamos superado la crisis? Habrá consecuencias que afectarán más a ciertos sectores, claro está, y la producción de bienes y servicios tendrá que reacomodarse beneficiando a algunos y perjudicando a otros, pero no habrá cambios en la inequitativa estructura social ni al nivel de países ricos y países pobres ni dentro de cada país entre los rentistas y los que, según sea el conferencista, se llaman población pobre, población vulnerable o atenidos. El turismo, sector muy débil, será extorsionado por los países fabricantes de la vacuna. País que no vacune a sus habitantes no será “certificado” para recibir turistas, esto le costará a Colombia, por 50 millones de vacunas, más de 5000 millones de dólares. La clase media verá también disminuir sus ingresos y los empleados dirán gracias porque pagándoles menos los protegieron de un despido justificado.

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