Herejías

Juan Manuel Buitrago
Columnista

La Academia no existe porque un emperador romano ordenó su terminación y las universidades o centros de educación para ejercer profesiones (que se valen del método científico para verificar la validez de sus tesis) no retomaron el pensamiento filosófico a partir del punto en que se encontraba al desaparecer la Academia (el escepticismo) y ninguno de esos establecimientos se propuso reivindicarlo o continuarlo. Llamar academia a la burocracia de las universidades creadas por el pragmatismo positivista del siglo XIX es un truco que hace parte del nuevo vocabulario pretencioso de los graduados en publicidad que se adueñaron de los medios de comunicación.

Academia es una palabra contaminada de autoritarismo. Utiliza un mecanismo psicológico que se toma prestado del mundo religioso. Academia del cine adjudica premios y pretende imponer cierto tipo de películas. Academias de bellas artes decidían cuáles pinturas eran o no aceptables en los salones. La academia de la lengua pretendía frenar los desvaríos geniales de los poetas. Las minorías que se autodenominan clase dirigente acuden a sus fichas en las universidades subsidiadas para presentar como altruistas negocios de beneficio particular. Repito, acuden a un concepto de autoridad que les permite pontificar en provecho propio en comunidades ingenuas que admiten la existencia de verdades eternas tuteladas por “la academia”.

Cualquier proyecto de inversión es debatible y los interesados tienen derecho a presentar sus objeciones y a sustentarlas con argumentos lógicos que no pueden ser desechados a priori por alguien que afirme haber consultado ya el asunto con la academia. Que la academia haya aprobado anticipadamente un proyecto no puede eximir a los responsables de su obligación de refutar objeciones sensatas. Ese es un abuso que deseo denunciar. Aclaro, además, que socializar un proyecto no puede ser presentarlo como un hecho cumplido sino abrir el debate acerca de lo necesario que es y las razones para ejecutarlo con prioridad a otros proyectos que también son necesarios.

La palabrería anterior tiene por objeto solicitarle al Señor Gobernador que atienda la sugerencia de Álvaro Ramírez de preguntarles a quienes tengan algo que argumentar antes de tomar una decisión final en temas que me parece preocupante resolver responsabilizando solo a la academia. Son ellos: la ubicación de una nueva cárcel, el peaje de Cerritos y la construcción de un cable en lugar de otro puente para mejorar la comunicación con Dosquebradas. Un POT ambicioso para Combia, volver a usar el sistema de valorización departamental para financiar las intersecciones que faltan en la doble calzada hacia occidente y un nuevo plan maestro de transporte intermunicipal con Dosquebradas, no son estudios inútiles sino requisitos previos a cualquier decisión.