Gloria al soldado

Oscar Alberto Díaz Garcia
Columnista

La situación del país hoy no es un juego; todos lo sabemos. Demanda exigencias superiores de solidaridad y entrega, de núcleos fundamentales en el desarrollo de la vida en sociedad. Existen dos profesiones cuyo carácter nos permite afirmar que son más que eso: son en realidad vocaciones. La medicina y la milicia.

La medicina en todos sus escalones incluidos paramédicos y enfermería; y la milicia, conformada por los integrantes de las fuerzas militares: ejército, fuerza aérea y armada, que con la policía nacional conforman todas las fuerzas armadas de la nación. Hombres y mujeres cuya labor no tiene horarios, no descansan, trabajan bajo condiciones extremas de exigencia y entrega. Muchas veces deben cumplir su deber con estoicismo y ningún reconocimiento. Sin embargo en estos últimos días la sociedad ha reaccionado y empieza a tomar conciencia del carácter heroico de los integrantes de la vocación médica. Mas no así del militar lo cual resulta ser una paradoja.

Es deprimente ver como al soldado, al policía, en múltiples ocasiones los humillan, los maltratan, los escupen. Herir la dignidad de un hombre amordazado por la constitución nacional atrabiliaria, maltratado hasta la saciedad por una nube de ONG que predican la defensa de los derechos humanos pero solo de los bandidos, es una inconmensurable contradicción e injusticia. Es herirlo en el alma. Peor aún, ante la mirada indiferente de los congresistas que solo atinan a echar discursos mentirosos a favor de las fuerzas armadas, pero nada hacen. Los dejan inermes en manos de la JEP, cuya mentalidad vengativa y a favor de las Farc quedo comprobada.

Muchas veces tiene más derechos el bandido, o el narcosubversivo con pretensiones de tomar el poder por las armas, que el soldado y el policía encargados de salvaguardar el orden interno y la soberanía. Es la ideología del libertinaje que fomenta la indisciplina y que en aras de una paz mentirosa solo trae injusticias; no olvidemos que sin justicia no hay paz. La gran falacia que hace carrera dentro de la sociedad, en los grandes medios, en los tribunales y las cortes, es consagrar como derecho constitucional la subversión armada y violenta.

Hasta el punto de ver como las Farc nos siguen amenazando, para chantajear al estado con regresar todos a las armas; chantaje que fomenta el temor a actuar por parte de la fuerza pública, que muchas veces se juega su vida y cuando no su libertad, en aras de cumplir su deber constitucional. La carta dispone: “Artículo 216. La fuerza pública estará integrada en forma exclusiva por las Fuerzas Militares y la Policía Nacional. Todos los colombianos están obligados a tomar las armas cuando las necesidades públicas lo exijan para defender la independencia nacional y las instituciones públicas”. Nuestro reconocimiento y gloria al soldado y al policía colombiano.