Fondos de pensiones a repensarlos

Alberto Zuluaga Trujillo

Columnista

El Sistema General de Pensiones, regido por la Ley 100 de 1993, garantiza a sus usuarios el amparo contra las contingencias derivadas de la vejez, la invalidez y la muerte a través de las pensiones y prestaciones. El sistema  está compuesto por el Régimen Solidario de Prima Media con Prestación Definida, administrado por Colpensiones y el Régimen de Ahorro Individual con Solidaridad manejado por las Administradoras de Fondos de Pensiones y de Cesantías (AFP). En la primera, de carácter público, el fondo es común y la pensión que es vitalicia depende de las semanas acumuladas promediando los salarios de los últimos diez años, del cual recibe el 65 por ciento, más un subsidio del gobierno. En la segunda, de carácter privado, los fondos que manejan las Administradoras de Fondos Pensionales se constituyen en cuentas de ahorro individual cuya pensión depende del capital ahorrado y de la variación económica escogida por el pensionado.

Muchos de quienes tramitan su pensión, engañados por algunos asesores de los fondos privados, terminan pensionándose con una suma mucho menor mientras el fondo, con sus cotizaciones invertidas en el mercado financiero, obtiene exorbitantes ganancias. El reajuste para las pensiones cuyo monto sea un  salario mínimo, será el mismo acordado para este cada año, no así para aquellas superiores al salario mínimo, cuyo valor será el incremento del índice de precios al consumidor (IPC) certificado por el DANE sobre el año anterior y que para este 2020 fue de 3.80. Revisadas algunas de estas, los fondos privados han reajustado muy por debajo de lo señalado por la ley. En Colombia la privatización del sistema de pensiones aumentó el costo fiscal, entre otras razones, porque los fondos privados creados para su manejo en 1994 se quedaron con los ingresos del sistema, mientras Colpensiones  se quedó con los pensionados, quedando el superávit en el sector privado y el déficit en el público. Igualmente, el presupuesto nacional debió financiar los bonos pensionales para cubrir el traslado a los fondos privados los cuales, a junio de 2018 valían 20 billones según Minhacienda.

Los fondos privados de cada diez pesos que cotiza una persona solo le abonan a su cuenta siete. Cuando no cotiza se cobran de lo ahorrado para administrar la cuenta, yendo su ahorro a un portafolio sujeto a la volatilidad financiera. Los fondos privados nunca pierden pues son propiedad de los grupos económicos que tienen otras muy diversas inversiones. Y cuando dicen perder, ahí si le caen al pensionado que ha escogido la modalidad de retiro programado para rebajarle la mesada sin derecho a pataleo pero, nunca, léase bien, nunca se la han subido en virtud de sus descomunales ganancias. Según la Superintendencia las utilidades acumuladas en los dos primeros meses del 2019 fueron de tres billones para las entidades financieras y de $215. 346 millones para los fondos de pensiones y cesantías. Ahí tienen los congresistas de Risaralda y del Eje Cafetero un buen trabajo por hacer ahora que el presidente Duque ha anunciado la presentación de la reforma pensional como tema de discusión para este 2020.