¿Esta es nuestra Cámara de Comercio?

Luis García Quiroga
Columnista

Se levanta la enjalma y se ven las peladuras. Los rumores decían que algo grave había en la Cámara de Comercio de Pereira. El caso es la radiografía de las flaquezas que hace rato venimos señalando de nuestra clase dirigente pública y privada, claro, con algunas honrosas excepciones. Qué jartera tener razón.

Más allá de las intrigas y odios personales entre ellos, están el indignante, ofensivo y recurrente “aquí no ha pasado nada” y el “dejen trabajar”, como muestra del reduccionismo que agobia cada vez que pasamos agachados o indiferentes ante los desbordamientos de los políticos y de ciertos empresarios, con lo público. El poder no ama la prudencia.

Uno que se sacude y toma distancia es el empresario y miembro de la Cámara, Luis Fernando Ossa, enviando a la Junta una extensa y punzante carta señalando uno a uno los abusos de poder y excesos de gastos por más de mil millones de pesos. Es una explosiva carta que publico en mi sitio de Facebook. Desde adentro, Ossa acusa la distorsión deliberada del (precario) informe de la Contraloría CGR que trae “conclusiones contundentes sobre las profundas debilidades y ausencia de control en el manejo al interior de la Cámara”. Incluso, tacha a la Junta de “negligente en su función de velar por la eficiente administración del presupuesto, y no preocuparse por implementar un código de ética y de buen gobierno para la entidad”.

Ossa invita “a reflexionar sobre la manera como hoy se maneja la Cámara, casi una dictadura administrativa del presidente ejecutivo de turno. Los miembros de junta carecemos de información oportuna e ignoramos las decisiones”.

Es una pena ver la Cámara reventada desde adentro y desde arriba. Duele. Tal vez por eso Ossa le pide a la Junta que “en sano debate, definir ajustes y tal vez nuevas recomendaciones que puedan conducir hacia un camino transparente sin excesos, derroches, gastos injustificados a cargo del sagrado recurso público y sin soportes”.

Este lío nos vuelve incompetentes y nos aleja de nosotros mismos. Nos puede la arrogancia. Somos incapaces de reconocernos como lo que la ciudad espera y quiere de nosotros: que seamos íntegros. Y por favor, no más ese cuento de la “transparencia” (que consiste apenas en dejarse ver por fuera).

La integridad exige que la Cámara explique la acusación de falta de soportes a los millonarios gastos de viajes, según Ossa a: Las Vegas (9 días) Dubái (13 días) Francfort (10 días), México (5 días) Miami (varias veces)”.

La Cámara es un patrimonio sagrado de Pereira. No sabemos si tocó fondo. Pero ahora entendemos el perverso silencio sepulcral sobre los rumores del choque de trenes entre Vega Lemus y Vega López. Aún quedan demasiadas preguntas sin respuestas y explicaciones.