Escampavía

Juan Guillermo Ángel Mejía
Columnista

Marx condenó cualquier intento de construir un culto a la persona, nada más opuesto a la ideología colectivista, paradójicamente está práctica, esta prohibición, se convierte en solo una manera de disfrazar las realidades políticas y sociales, Stalin se convierte en el padrecito, rodeado de grandes pancartas, retratos, versos y poemas para ensalzar al jefe de estado aún en sus más crasos errores, los cuales, gracias al manejo de su imagen, se transformaban en parte del acervo de bondades y cualidades del líder más sanguinario de la historia.

El culto a la persona se convierte entonces en arma de lucha, el uso de las palabras que significan todo lo contrario de lo que se hace y predica, ese es el instrumento que utilizó Goebels para endiosar a Hitler, es el mismo que hace de Perón y de Evita referentes en Argentina, de Castro y Guevara íconos mundiales, estribillos que son repetidos hasta el cansancio para sublimar la imagen de Chavez y la de Maduro; para abundar, las repúblicas que añaden la palabra democrática a su bandera son precisamente las que se convierten en monarquías vitalicias y heredables.

El buen resultado de la personificación del bien en los sistemas de gobierno en los cuales el estado sustituye a la iniciativa individual para generar los insumos, modelar las conductas; aquellos estados que consideran que “todo dentro del estado, nada fuera del estado” como predicaba Mussolini y adoptan en su discurso los socialistas y comunistas criollos, así los delincuentes, asesinos y violadores lo son por culpa del estado y el bienestar, empleo, y regocijo es de cuenta del líder, en síntesis el estado debe responder por todo pero el benefactor tiene nombre y apellido.

El culto a la personalidad se conjuga con la personificación de la escasez de bienes y de la superabundancia de delitos, siempre el crimen, el desabastecimiento, la enfermedad, el estropicio deben tener nombre y apellido, todo ello se bautiza con el nombre del contradictor y por lo tanto él es responsable de cuanto desastre y delito se comete, letanía repetida una y otra vez hasta que se convierta en verdad como decía laureado jefe político: mentid y mentid que de la mentira algo queda.

Sin embargo la estrategia antes mencionada no es privilegio de la izquierda, el otro extremo también hace buen uso de la misma táctica así, al otro lado del río, todo lo que haga el mamerto, izquierdista o comunista, es el responsable del daño en lo público, todo lo dicho ahora se maneja en las redes sociales, es tanta la propaganda, son tantas las noticias falsas diseñadas para hacer daño a una persona, a una institución o a un partido que hasta los más versados periodistas han caído en el engaño y han tomado como ciertas lo que propagandistas negros han subido a la nube.

Muchos se preguntan hasta que punto la pandemia ha crecido de cuenta de la inmensa cantidad de información que de ella circula en las cuatro esquinas del mundo, ya no se sabe qué creer, es del magnitud lo dicho que es posible que los gobernantes estén cabalgando sobre los lomos de lo que llueve de la nube.

De acuerdo con Jorge Humberto Botero, no entendemos la discriminación ni contra los adultos mayores quienes paradójicamente son más prudentes, arriesgan menos porque la vida les ha enseñado a serlo y ahora resulta que son minusválidos, como tampoco nos parece justo que sean los funcionarios públicos los únicos que deban reducir sus sueldos y sus pensiones cuando los gerentes de las empresas están mucho mejor remunerados.

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