Escampavía

Juan Guillermo Ángel Mejía

Columnista

Un entrevistado respondió con franqueza “es que yo era muy lambón”, a la pregunta de como había logrado, quien tenía como experiencia únicamente haberse desempeñado como recolector de café y algodón, alcanzar un puesto de responsabilidad y mando en el zoológico de Pereira,  verdad que nos muestra una de las estrategias más socorridas para lograr escalar y lograr el deseado éxito.

Los lambones, además de elogios y palabras dulces, distribuyen condecoraciones a granel, organizan viajes y rumbas, se rodean de mediocres para sobresalir, bautizan con el nombre de los poderosos lo que a su alcance tienen y hacen gala del encanto de ser entretenedores de profesión. Recordamos el “de frente con el presidente” con el que se eligió el hoy encumbrado Roy Barreras, o las visitas semanales al presidente Uribe del senador Benedetti o la vuelta canela de las mimadas Gina y su consorte Cecilia, para ilustrar casos recientes de lambonería ramplona, situación de la cual no somos ajenos en nuestro entorno, donde la estrategia le sirvió a una camarilla para lograr renombre del cual solo nos están dejando herrumbre.

Pero no solo lambiendo se logra escalar, también se consigue por herencia, o por inteligencia y educación, o por el trabajo dedicado y eficiente, o por trampas, o comprándo conciencias, o por el uso de la violencia, o por simple golpes de suerte. Sea lo que sea lo que es cierto es que toda esta desigualdad generada o por los gigantescos capitales en manos de unos muy pocos o por el poder acumulado y del cual abusan otros tantos, cualquiera que sea la causa de lo que estamos viviendo la rebeldía es evidente y ella se vive en las cuatro esquinas del mundo.

Pero a la rebeldía conocida y que en Colombia tiene manifestaciones singulares le ha aparecido la contra rebeldía, hay fatiga contra el paro que ya escasamente convoca a sindicatos del sector público, a encapuchados delincuentes y asesinos en potencia y algunos otros descontentos con razones de peso. La gente se ha cansado de que grupos de violentos conculquen sus derechos, ya hay señales de rechazo a los jueces que permiten se viole el derecho a lo que la Contitución protegía: a la vida, honra y bienes; ya no se acepta sin discución la impunidad con la que actúan los que hieren, destruyen y manchan lo que no les pertenece, ahora hay fatiga contra quienes encumbrados en posiciones que les otorga el estado abusan de lo que la sociedad les ofrece, ya no se escucha con devoción a los influenciadores y comunicadores que se lucran del caos, ya hiede la guerra sin cuartel que se libra en las altas cortes por los honores y canungías y lo peor por los cobros a fallos y condenas.

Un “acuerdo sobre lo fundamental” le permitirá a nuestra nación navegar en este convulsionado principio de siglo, hay que defender lo bueno que hemos construído, encontrar soluciones a desigualdades evidentes y mecanismos para logra una educación seria a una juventud digna de mejor suerte, necesitamos perfeccionar los sistemas de salud y encontrar la manera de dar empleo e ingresos dignos a una población inmensamente pobre, desagraciadamente ignorante de solemnidad y desinformada a más no poder y para ello se requiere que los mejores cerebros aunen esfuerzos para que, a diferencia de muchos que solo buscan como lucrarse del estado, logremos que quienes con sinceridad quieren aportar encontrar el rumbo que permita a Colombia conseguir lo mucho que le hace falta.