Escampavía

Juan Guillermo Ángel Mejía

Columnista

Con el noble e indispensable propósito de cuidar el ambiente, los seres vivos y mantener el delicado equilibrio de la naturaleza, Colombia creó las Corporaciones Autónomas, entes soberanos encargados de tan delicada función, con poder suficiente para dirigir o impedir el uso de lo que nos rodea: del suelo, de la manera como se pueden explotar los recursos y el uso de lo habido y lo por haber.

Dice el refranero popular que el poder corrompe, verdad de a puño cuyas consecuencias padecemos y conocemos a diario, por esta razón el haber escuchado, de parte de las autoridades de control, que las Corporaciones Autónomas se han convertido en focos de corrupción es una noticia dolorosa, la cual es además una vergüenza para Risaralda, dado que la nuestra encabece la lista con 61 investigaciones en curso, casi el doble de las que se desarrollan por las actuaciones de las demás Corporaciones, las cuales tampoco están exentas de este flagelo.

Frente a la CARDER tenemos sentimientos encontrados, de una parte conocemos de profesionales serios y competentes que ejercen sus funciones con dedicación y honestidad, equilibrando con buen juicio lo dispuesto y respetando derechos y condiciones locales y de otra también conocemos de desastres resultado de la falta de comunicación al interior de misma entidad, a tal punto que se inician procesos por el hecho de dar cumplimiento a órdenes dadas por la misma Corporación, aparte de interpretaciones arbitrarias de funcionarios que son verdaderas agresiones a los derechos de los ciudadanos.

Nuestra Corporación Autónoma, la cual  muchos califican como coto de caza de políticos, es también presa perseguida por los delincuentes profesionales quienes han descubierto esta nueva mina de oro que enriquece o arruina a las ciudades y a los ciudadanos, motivo y razón suficiente para que el dinero fluya en abundancia para satisfacer los apetitos de unos y otros, así las cosas entendemos que al interior de la CARDER hay diferencias sustanciales entre técnicos y juristas, entre los que defienden tanto el ambiente como a la ciudadanía y aquellos que se escudan en incisos para atropellar; todo ello ocurre dado que la entidad es una nave al garete sin director a bordo, resultado de la feroz batalla por el dominio de tan poderoso ente. Señores alcaldes, señor gobernador y miembros de la junta por favor atiendan el clamor ciudadano y nombren a alguien honesto, con  criterio suficiente para atender las necesidades de la ciudadanía y para saber distinguir entre lo bueno y lo arbitrario.

Cambiando de tercio que tal un Procurador en campaña política sancionando a funcionarios de menor rango por comportamientos que no se pueden comparar con el del litigante en causa propia.

Cuando ingresó al palacio presidencial el recién electo presidente Santos quien lo recibió y tomó posesión de la sede del gobierno, y celebró con pitos, maracas y flores la llegada del nuevo mandatario fué la cúpula de Pacific Rubiales, la misma que estafó a medio Colombia;  recordamos con tristeza como los ejecutivos pícaros vitoreaban desde las escaleras del palacio a quien llegaba, como se aplaude a un deportista vencedor.  Con sorpresa recién escuchamos  al  ex presidente declarar desconocer la manera como esa empresa delincuente le ayudó a ganar las eleciones.

Que lástima presenciar el descaro de un procurador servil ahora empoderado y escuchar a un presidente que no se cansa de mentirle a Colombia, ambos amparados por una justicia produce náuseas, perlas que brillan en la oscuridad de lo justo.