¿En dónde están los enanitos naranjas?

Carlos Vicente Sánchez
Columnista

El Ministerio de Cultura se ha chocado con una muy dura realidad; no todas las empresas estaban preparadas para la ley de la economía naranja que tanto y tan ridículamente cacareó el presidente Duque hace un tiempo en Francia, ante la mirada atónita de prestigiosos representantes del mundo.
A riesgo de parecer pesimista debo decir que la inversión del plan Naranja de la presidencia va a ser un terrible desgasto presupuestal para la nación de 2 de billones de pesos, ¡BILLONES! Porque hasta ahora son muy pocas las empresas que podrían acceder a esos recursos. No todas se han acogido a la ley naranja y el Viceministerio Naranja está mirando para el techo, pensando cómo solo 80 empresas (quizás amigas de sus amigas) podrían acceder a nuestra platica y recuperar tremenda inversión en el tiempo. Calcular cómo se distribuye 2 BILLONES de pesos entre tan pocas empresas, sin contar con el porcentaje de aquellas que no logren ser exitosas, me pone la piel de gallina e indignación.

Definitivamente los siete enanitos naranjas están perdidos en el bosque, mientras tanto se ha notado la reducción sustancial de recursos a un Ministerio de Cultura y su programa de Concertación que durante este gobierno no ha podido comprender la real dinámica de lo que implica la cultura en el país. Todo por andar metido en vericuetos ideológicos en vez de Políticas, o buscando Coachings que nos hagan sentir optimistas ante lo inevitable.

Un gobierno que insiste en negar el conflicto armado, la realidad cultural y violenta de nuestra patria, que quiere aislarse de las comunidades para obedecer el capricho de un niño que sigue sin leer el país y cree que los enanitos lo van a salvar de lo que hasta ahora ha sido una pésima presidencia, con más torpezas que aciertos, es la fiel demostración de esa rotunda equivocación en las urnas.

Supongamos que “La economía naranja” fuera viable, siempre y cuando las periferias, los territorios, nuestros barrios estén inmersos en la paz y nuestra gente pueda acceder a una formación creativa, crítica, sustancialmente productiva y llena de contenidos, no de microtráfico. Sin contenidos no hay economía naranja, solo un disfraz de algo que no se va a reinventar nunca.

La economía creativa requiere de territorios pacíficos, de una narrativa muy diferente a la violencia, Pablo Escobar y la corrupción que tienen invadidas, desde las editoriales con sus novelas, hasta las rutas turísticas.

Pero acá la apuesta ha sido al revés, el presidente Duque llegó inmaduro y demasiado pronto a su cargo, el primer paso era la paz y la formación de creadores, empresas, infraestructuras, el apoyo a contenidos que impulsaran a nuestras ciudades, no el despilfarro de dos billones de pesos para tantear un terreno que hasta su propio manual advierte, no puede darse sin primero construir un sistema creativo. Billones de pesos invertidos en algo que no puede, ni va a funcionar en la mano de tan solo 80 empresas.
¿Cuántas de ellas son de Pereira?