El virus de la corona

Fabián Henao Ocampo
Columnista

Imagínense que un día nos levantemos y que nos digan en las noticias que los habitantes de la ciudad no pueden salir ni entrar, que quedamos en cuarentena porque hay un virus en Pereira. Esa sería una noticia muy complicada; eso es lo mismo que están viviendo los habitantes de la provincia de Wuhan en China, 11 millones de personas no pueden moverse de la ciudad a causa de la epidemia de un virus que según las cifras ha cobrado la vida de 180 personas y tiene contagiados a miles de personas.

El coronavirus es una familia de virus que se descubrió en los años 60 pero su origen es desconocido; según la teoría existen varios tipos de coronavirus y según sean las características provoca diferentes síntomas que van desde un resfriado hasta el síndrome respiratorio grave, es decir una neumonía muy fuerte.

El coronavirus le debe su nombre al aspecto que presenta, ya que es muy parecido a una corona y puede estar presente en animales y humanos. Existen varios tipos de coronavirus y unos se contagian por el contacto con las gotas que salen por la nariz de los pacientes ya enfermos o por contacto con los animales infectados.

El virus que actualmente tiene alarmada a la comunidad China en Wuhan es de procedencia animal y según lo manifiestan las autoridades de salud se debe al mercadeo de animales no muy aptos para el consumo humano. Según las informaciones de prensa en Wuhan comían koalas, serpientes, crías de lobo, salamandras, arañas, murciélagos y ratones vivos; Sin embargo el plato más sospechoso y que habría provocado la emergencia es la sopa de murciélago; los chinos creen que la sopa de murciélago (cocida o cruda) es buena para las enfermedades respiratorias y para las enfermedades de los ojos.

Según los médicos los síntomas del coronavirus inician con secreción y goteo nasal, tos, fatiga, dolor de garganta y de cabeza, fiebre, escalofríos, dificultad para respirar, diarrea, tos, fiebre. Según los informes los primeros pacientes en morir son aquellos con una enfermedad preexistente como cáncer, diabetes, o alguna enfermedad respiratoria.
Dios nos libre de semejante mal, porque realmente no estaríamos preparados para enfrentar un problema de semejantes proporciones.