El valor de valorar

* Willmar Acevedo Gómez
Columnista

Quisiera referirme a un tema que está presente en nuestro diario vivir. En circunstancias que llamaríamos “normales” lo pasamos por alto, pero en estos tiempos de pandemia puede iluminar nuestra cotidianidad. Tiene que ver con lo que en filosofía podríamos llamar el valor y su valoración.

Nos referimos al tema de los valores como “muy importante”, asunto sin el cual la vida de las personas siempre quedaría en falta, sin embargo, la triste realidad es que los valores son en ocasiones un asunto de segundo orden.

Los valores son cualidades que están en las personas y en las cosas y es por sus cualidades que las apreciamos o despreciamos, valorar significa no ser indiferentes, es decir, todo lo que hay a nuestro alrededor nos importa, ya sea positiva o negativamente.

Podemos comprender la real importancia que tienen los valores en la vida de las personas, puesto que sin ellos no sería posible la libertad. Cuando elegimos lo hacemos entre lo que apreciamos y lo que no. Sin valorar las cosas y personas que hay a nuestro alrededor no sería posible simplemente vivir, nuestra vida es un gran tejido de relaciones valorativas. Es un asunto esencial. El valor, la libertad y la vida están unidos y sea que tengamos clara o no la teoría del valor, valoramos día a día nuestra realidad y sus relaciones con el mundo, con los otros y con nosotros mismos.

Tristemente los valores también son un asunto de segundo orden y para ilustrarlo hablaré solo de dos ejemplos.

Primer ejemplo. En la educación en estos tiempos de pandemia, la educación básica y media, está dedicando su tiempo a las asignaturas esenciales como matemáticas, geografía, castellano, entre otras, las asignaturas como ética y valores se están dejando relegadas porque no son esenciales, según ellos. Pregunta: ¿lo que hemos de aprender en tiempos como éstos lo resolverán las matemáticas o tal vez la geografía?

Segundo ejemplo. La teoría del valor nos enseña que los valores materiales están más cercanos a un supuesto punto de indiferencia y que los valores trascendentes están más lejanos a ese supuesto punto, es decir, es más importante una persona que cualquier objeto material pues al estar más alejada del punto de indiferencia es más importante y viceversa. Pero resulta que hemos invertido la escala por lo que en estos tiempos resulta comprensible que amemos las cosas y usemos las personas.

¿Será que estos tiempos de pandemia nos están ofreciendo la oportunidad de valorar de mejor manera lo que en verdad es esencial? Es posible que se esté acercando el tiempo en el que amemos a las personas y usemos las cosas.
*Docente Universidad Católica de Pereira