El tesoro verde

Carlos Arturo López Ángel
Columnista

En su topografía de vaguadas y pequeñas colinas, la naturaleza le entregó a nuestra capital un tesoro que será cada día más valioso. Visto desde el aire es un conjunto de manchas verdes que se incrustan en el tejido urbano y forman una red de drenajes naturales. Esas zonas reservadas por el POT ocupan más o menos 300 hectáreas.

Según el “Estudio sobre Guaduales Urbanos” de la Cárder y la UTP, esos espacios ocupan 129 hectáreas con 250 matas de guadua y seis hectáreas con bambú y guaduilla. Hacen parte del paisaje de 427 barrios en 19 comunas.

Pero lo más relevante del estudio es que -por primera vez- se determinó que esos guaduales, en su estado actual capturan en promedio 190 toneladas de carbono por hectárea/año, que corresponden más o menos al 15% del dióxido de carbono (CO2) generado por la contaminación vehicular. Y añade que si se consolida su manejo silvicultural, el carbono atrapado aumentaría en promedio a 534 toneladas por hectárea/año. Eso significaría capturar el 42% de las emisiones generadas por los vehículos movidos por combustibles fósiles.

En estos momentos existe un clamor mundial ante la ocurrencia diaria de fenómenos como huracanes, inundaciones, sequías e incendios exacerbados por el cambio climático. Es tan grave la situación que las metas aprobadas en el Acuerdo de París 2016 -para mitigar el fenómeno- ya son insuficientes para mantener el aumento de la temperatura muy por debajo de 2C, con respecto a los niveles preindustriales. O los países amplían sus metas y cumplen los compromisos o nuestros nietos perderán su futuro como proclama Greta Thunberg, la activista adolescente.
Por eso, mientras se descarboniza la economía es urgente enverdecer el planeta y convertir el 30% en áreas protegidas, incluyendo la arborización urbana.

Esas 300 hectáreas de bosques prestan otros servicios ecosistémicos como regulación hídrica y control de inundaciones. Son corredores de biodiversidad, atenúan vendavales, enfrían vecindarios, amortiguan ruidos, atrapan polvo y producen oxígeno. Por eso es fundamental que el “Estudio sobre Bosques Urbanos” continúe en las 166 hectáreas que faltan, y que tienen vegetación diferente a la guadua.

Afirmo que esas vaguadas son el mayor tesoro de Pereira, por todas las razones expuestas, y porque ayudan a limpiar un aire que respirarlo equivale a fumarse un cigarrillo diario, tal como determinó un estudio de “Pereira Cómo Vamos”.

Ante tantos beneficios, el nuevo alcalde y los concejales deben crearles un estatus superior como patrimonio natural y poner en marcha una política de bosques urbanos. Tal vez así dejen de ser objeto del deseo de personas sin conciencia ambiental y planetaria.