El temperamento de los líderes

Rodrigo Ocampo Ossa

Columnista

La situación de Grecia en 2012 era de completa desesperanza. Después de años de subsidios y despilfarro se acabó el dinero y la Unión Europea salió al rescate, pero impuso severas condiciones que por supuesto no le gustaron a quienes disfrutaban de la vida buena por cuenta de los demás. En ese estado de cosas el primer ministro griego invitó a la canciller alemana Ángela Merkel a una visita oficial, que ella, aún sabiendo que los helenos le atribuían todos sus males, no dudó en aceptar. 

El recibimiento como era de esperarse fue hostil, con reclamos que retrocedieron a la época nazi, quema de banderas y fervientes agresiones verbales. En la conferencia de prensa conjunta con el primer ministro Samaras, este le pidió comprensión.  La señora Merkel, impertérrita agradeció el recibimiento y dijo a los periodistas: “criticar, gritar, insultar no nos saca de los problemas”. Y procedió a su intervención en la cual no hizo una sola promesa: solo expuso hechos escuetos que explicaban con claridad la razón del estado de cosas y lo que habría de hacerse para superarlas.

Eso es lo que se espera de un líder en un momento de crisis; seriedad, tranquilidad y respuestas concretas. No que siga al ritmo de las intuiciones de influenciadores y periodistas que, sin tener la información necesaria ni la visión completa de la situación, critican, gritan e insultan porque no se hace lo que ellos creen que debe hacerse. En una crisis tan imprevisible como aguda no produce ningún beneficio entrevistar personas que dicen no haber sido bien atendidas porque los enfermeros de urgencias no llevan guantes. Eso, que no está en el protocolo y es un asunto marginal frente al tamaño de un problema que no tiene antecedentes modernos, no es la forma de medir  la eficacia del sistema al que debemos respaldar si queremos reducir el daño que se  anuncia enorme.