El reconocimiento del conflicto

Iván Tabares Marín
Columnista

Estuve revisando la revolución comunista de Camboya, encabezada por Pol Pot, que tomó el poder en 1975 tan pronto los norteamericanos abandonaron ese país de 8 millones de habitantes y con una guerrilla de unos 60 mil hombres armados. A diferencia de lo que sucedió en Colombia con el Acuerdo de paz, la izquierda camboyana triunfante desconoció la existencia de un conflicto o de dos ejércitos; así se negó a aplicar las normas internacionales y a reconocer los derechos humanos de los combatientes.

El gobierno derrotado, sus funcionarios y su ejército eran, en la semántica caprichosa de los comunistas, los “traidores” de la Patria, porque ellos mismos, los guerrilleros, eran los únicos representantes del pueblo. Esa lógica absurda “legitimó” el asesinato sistemático de todos los funcionarios públicos y de los miembros de ejército oficial. Ni siquiera se estableció un tribunal especial, una JEP, para definir responsabilidades en el Estado.

En el caso nuestro, el interés del expresidente Santos por obtener el Nobel de Paz sirvió de coartada a las FARC para exigir el reconocimiento de un conflicto armado entre dos estados, el de los 50 mil colombianos que los subversivos representaban, según el número de votos obtenidos en unas elecciones posteriores al Acuerdo, y el otro Estado, el de los 50 millones que apoyamos el orden constitucional. En otras palabras, cuando la izquierda triunfa en una revolución, no hay conflicto entre dos Naciones; pero cuando no gana, sí lo hay.

El asunto es más grotesco. Aunque el “conflicto” no se decidió o no hubo vencedores ni vencidos, las Farc actuaron en La Habana como si hubieran ganado y elaboraron un documento a su medida sin la participación efectiva de las víctimas y con los colombianos como convidados de piedra en esa fiesta revolucionaria del Nobel. Fue tal la entrega de nuestros negociadores que convirtieron el Acuerdo en norma constitucional. Hubo demasiado dinero para comprar conciencias.

El engaño ha sido evidente en los últimos meses con el comportamiento de la JEP. Nos prometieron que los guerrilleros serían sometidos a sanciones simbólicas si confesaban sus delitos; pero ni eso. El derecho penal aplicado por la JEP a los subversivos establece que no cometieron ningún delito porque estábamos en una guerra sin Dios ni ley. La violación de niñas o niños, los actos terroristas, las “retenciones” (no secuestros), los asesinatos y el narcotráfico son lícitos actos de guerra, no delitos. No deben indemnizar a nadie. En tres años no ha habido una sentencia condenatoria contra un guerrillero. Hasta inventaron una leguleyada para evitar una reacción del Ejército mediante el perdón de varias décadas de “falsos positivos” encubiertos por sus oficiales. ¿Para qué la JEP?

El Covid-19 ha hecho trizas el Acuerdo de paz pues no habrá dinero para implementarlo. Farc, Gobierno o las altas cortes no anularán el Acuerdo como debieran. No era más que un montaje carísimo para que los negociadores lograran sus verdaderos objetivos inconfesables.

1 comentario en “El reconocimiento del conflicto”

  1. Dn. Ivan: estoy plenamente identicado con todas las verdades, facilmente demostrables, que pormenorizas en tu excelente, amena y muy bien escrit sanoa columna. Asi se expresan las personas honradas con criterio recto.

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