El realineamiento ideológico

Alfonso Gutiérrez Millán
Columnista

Una vez firmada la paz -y depuestas las armas por parte del grupo principal que las utilizó durante sesenta o más años de conflicto sociopolítico- deberíamos encontrarnos en óptimas condiciones para efectuar el indispensable realineamiento ideológico de las fuerzas políticas existentes: teniendo en cuenta, además, el nuevo mapa político que reflejan tanto los acontecimientos del 21N como la elección de mandatarios independientes en diversas regiones del país.

En tal caso partiríamos de otros hechos contundentes: los dos viejos partidos, cuyas contradicciones políticas dieron origen a la fase armada del conflicto social, en las últimas elecciones obtuvieron unos 5.000.000 millones de votos (menos del 25% del total). Tomando en cuenta que para el 2022 existirán más de 36 millones de personas aptas para votar, esas viejas glorias estarían poco menos que extinguidas. Y algo aún peor: además del agonizante caudillismo uribista, de un “petrismo” que adolece del mismo mal y de un Fajardo que no entusiasma a nadie, carecemos de nuevos liderazgos con opciones ideológicas.

El marxismo, se encuentra políticamente exhausto: los países donde gobierna con éxito, China y Vietnam, desarrollan proyectos capitalistas. ¡Y ni hablar del desastre venezolano! Ante semejante desierto ideológico necesitamos propuestas que superen coyunturas tan elementales como esa de “el que diga Uribe vs. Petro”, que empobrecen aún más el futuro de nuestra democracia.

Una economía que crece lentamente y en medio de una de las mayores desigualdades planetarias, sugiere que para el 2022 estaríamos ante la oportunidad de redefinir nuestro futuro político: partiendo de estudios como los de Garay y Espitia sobre la apabullante concentración de la riqueza en Colombia y de propuestas como las formuladas por Piketty en su libro “Capital e ideología” deberíamos formular plataformas que, manteniendo un economía capitalista pero eminentemente redistributiva, ataquen nuestros enormes problemas sociales con base en recursos ya probados por las socialdemocracias europeas, como la creación de un impuesto progresivo sobre el patrimonio y disminuyendo las enormes exenciones e ingresos no constitutivos de renta. ¡Todo lo contrario a las fracasadas “reformas tributarias” que imponen los “másteres y místeres” a nuestros gobiernos de turno!