El pueblo elegido

Iván Tabares Marín
Columnista

A los marxistas les molesta mucho que su ideología se compare con el pensamiento religioso. No obstante, muchos autores han insistido en las analogías que obviamente han cambiado a medida que la teoría de la lucha de clases evoluciona, especialmente en el último siglo con las reformas efectuadas por Lenin, Gramsci, el estructuralista Louis Althusser o el teórico de la revolución molecular, tan de moda hoy, Félix Guattari.

Karl o Carlos Marx (1818 – 1883) nació en Tréveris, Alemania, en una familia de rabinos, cuando el antisemitismo llevaba 17 siglos en Europa. Muy pronto aprendió a odiar su religión y toda creencia en Dios; pero eso no fue obstáculo para que inventara una teoría que era un plagio de la cultura judía en que había crecido: El Capital es la Torá sin Yahvé.

En su imaginario, el pueblo elegido son los pobres de su tiempo, el proletariado explotado sin piedad en las nuevas fábricas de la primera revolución industrial. El mesías era el Partido Comunista, el nuevo clero, conformado por los intelectuales que entendieran y aplicaran “las sagradas escrituras” de El Capital. El cielo estará aquí, la final de los tiempos, en la sociedad sin clases, sin contradicciones y en paz, un cielo imposible que más parece un sepulcro. Y, obvio, el mismo Marx era Moisés, con los mandamientos necesarios para construir el hombre nuevo.

Si miramos el nacimiento del cristianismo, notaremos que el esquema fue el mismo. Saulo o Pablo de Tarso, vendedor o fabricante de tiendas, era judío también. El pueblo elegido estaba conformado entonces por los esclavos y pobres del Imperio Romano. La arqueología nos ha mostrado claros signos de desnutrición en los restos humanos encontrados en la Galilea del siglo I

Las religiones siempre ha sido una mitología que logra convencer a un grupo importante de personas y que se presenta como una esperanza para los que no la tienen. Esto pasó con los judíos del siglo V a. C. que regresaron del exilio a reconstruir su amada Jerusalén, después de haber recibido por varios siglos garrote de las naciones vecinas, como lo siguen recibiendo hoy sin que Yahvé cumpla su promesa de regalarles una tierra en paz.

Sigamos. Hacia el año 1500, cuando España prometía ser la gran nación de Europa apenas ocho años después del primer viaje de Cristóbal Colón, surgió el cuento de que allí vivía el nuevo pueblo preferido del Señor. Fue por siglos el pueblo más pobre e ignorante de Europa que había estado sometido al infiel musulmán, pero que ahora se levantaba gracias a su Dios.

Como los gringos no se podían quedar atrás, el Libro del Mormón cuenta que ellos descienden de las tribus perdidas de Israel. En el siglo XX, un hombre se encontraba en la cárcel y soñó que los alemanes, los arios, eran los predilectos de los dioses. La realización de su sueño implicaba desaparecer al pueblo judío.