El principio de autoridad

Otoniel Arango Collazos
Columnista

Las autoridades de la República están instituidas no solo para proteger a todas las personas residentes en Colombia, en su vida, honra, bienes, creencias, y demás derechos y libertades, sino para asegurar el cumplimiento de los deberes sociales del Estado y de los particulares, según se lee en el artículo segundo de nuestra Constitución. En el artículo cuarto de la misma obra se indica que: “Es deber de los nacionales y de los extranjeros en Colombia acatar la Constitución y las leyes, y respetar y obedecer a las autoridades”.

El ejercicio de los derechos y libertades reconocidos en la Constitución implica responsabilidades, tales como respetar los derechos ajenos y no abusar de los propios; obrar conforme al principio de solidaridad social, respondiendo con acciones humanitarias ante situaciones que pongan en peligro la vida o la salud de las personas y respetar y apoyar a las autoridades democráticas legítimamente constituidas para mantener la independencia y la integridad nacionales, para citar solo tres de los escasos nueve deberes que trae nuestra Carta Política, en medio del océano de derechos que nos dejaron los asambleístas del 91.

Como se observa, en Colombia se piensa mucho en derechos y poco en deberes y por esa misma razón se ha perdido el principio de autoridad y nuestras Fuerzas Armadas se han convertido en rey de burlas, al punto que cualquier perico de los palotes maltrata, hiere o intenta acabar con sus vidas y el agente del estado, debe posar como testigo silente ante los abusos de quienes por cuenta de la desaparición del principio de autoridad, hacen y deshacen y lo peor, quedan impunes ante la mirada indiferente de los mandatarios de turno y los congresistas, que hace rato debieron respaldar la majestad de la autoridad para reaccionar ante una agresión injusta e inminente como las que vemos por la televisión.

Según la ley federal de Estados Unidos, “la policía puede usar la fuerza letal, incluso teniendo medios menos letales a su alcance”; tanto allí como en Canadá, se utiliza la fuerza con base en los principios de legalidad, proporcionalidad, gradualidad y oportunidad, para enfrentar desde la poca colaboración hasta la agresión agravada, como hemos visto en las protestas colombianas donde usan desde combustible, pasando por cuchillos, bates, hasta papas bombas.
Se hace necesario pues, recuperar el principio de autoridad, para que nuestros héroes policiales y militares dejen de ser las víctimas de energúmenos y vuelvan a ser los respetados garantes de la libertad y el orden.