El mejor viaje en esta época de crisis

Fabio Castaño Molina
Columnista
Desde hace diez años me he especializado a través de mi revista Destino Café en promocionar los mejores destinos que ofrece Colombia y en especial nuestro Paisaje Cultural Cafetero Colombiano como Patrimonio de la Humanidad, según declaratoria de la Unesco. Hoy quiero hacer un alto en el camino y hablarles de un imperdible único. Un lugar que seguro para muchos está en el paraíso de lo impensado, y que por ello mismo, a muchos les es muy difícil encontrar.

Un sitio que se ajusta plenamente a las exigencias que a través del marketing publicitario se plantean para el turismo mundial y que demandan concretamente la generación de emociones únicas o experiencias inolvidables para quienes lo recorren. Les estoy hablando de un viaje al fondo de nuestro ser. No es un viaje cualquiera, pero que en esta época de aislamiento en familia o incluso de soledad absoluta por culpa de la pandemia del coronavirus que afronta el mundo nos puede traer inmensos beneficios. Si lo aprovechamos con pasión, rigor, entusiasmo y muchísima emoción, nos permitirá reencontrarnos no solo con lo mejor de nosotros sino también con lo mejor de quienes hacen parte del entorno familiar.

Chévere, así les suene a muchos paradójico lo que les planteo, que a esta locomotora frenética en la que vivimos por culpa de la modernidad desaforada, el coronavirus le haya puesto el freno de mano. Chévere, que nos obliguen al confinamiento obligatorio, porque nuestro planeta nos está enviando hace rato señales de que está enfermo y que por ende sus males contagian a quienes somos sus ocupantes. El llamado es claro: A que nos cuidemos y a que cuidemos de él. A que seamos más previsivos. A que tengamos mejores hábitos, pero ante todo, a que seamos más solidarios y mejores personas en momentos como estos. Solidarios con los más necesitados y con nosotros mismos, porque somos a veces tan egoístas que ni siquiera le prestamos atención a nuestra salud espiritual, mental o física.

Es una situación bastante extraña la que vive el planeta. Un virus que prohíbe los abrazos, los besos, las caricias y los saludos de mano que resultan tan sanadores en momentos de fuertes dolores emocionales, pero que al mismo tiempo nos invita a reinventarnos y a sacar lo mejor de lo más profundo de este viaje a nuestro interior que no requiere ni de visas, ni de dólares, ni de reservas hoteleras o tiquetes aéreos. El precio? Lo reitero: Adentrarnos en lo más profundo de nuestro corazón y sacar lo mejor que podamos dar.

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