El género en disputa

Iván Tabares Marín

Columnista

Me sorprendió una columna en un periódico de Manizales el 22 de febrero, El género en disputa, título tomado del texto publicado en 1990 por la filósofa norteamericana Judith Butler. Más allá de su crítica a un grupo cristiano que protesta por el nombramiento de la transgénero Matilda González en la Secretaría de la Mujer –asunto que no discuto— me llaman la atención las inexactitudes del columnista que me llevan a pensar que no leyó el libro o no lo entendió. Es una irresponsabilidad.

Su planteamiento sobre el género sexual, natural en animales y humanos, que no corresponde con los genitales externos está en clara contradicción con la propuesta de Butler y el enfoque de género. Para Judith, el género es una asignación cultural sin relación alguna con la naturaleza humana, es decir, con la biología o los genitales

También es discutible la afirmación del columnista en el sentido de que el punto nodal de este debate es la lucha por el reconocimiento. Esa lucha es democrática, presentada por F. Hegel en La fenomenología del espíritu. De hecho, hemos avanzado mucho en el reconocimiento de las minorías LGBTI, tanto que existen claras y serias oposiciones al intento de pocos cristianos por deslegitimar ese reconocimiento. Judith Butler rechaza la visión hegeliana o de la sociedad burguesa por ser discriminadora de la mujer y las minorías sexuales. Ella es marxista. Judith es a Hegel lo que la izquierda es a la derecha.

Al contrario de lo que piensa el columnista, la propuesta de Butler busca destruir la democracia y la sociedad capitalista mediante la abolición de toda forma de heterosexualidad y, por consiguiente, de la organización familiar convencional. Como los géneros son una imposición patriarcal, se trata de suprimirlos para que no quede ninguno. Además, se busca legalizar las relaciones sexuales entre familiares (padres con hijos y entre hermanos) pues no se acepta el tabú del incesto.

En este contexto se comprende muy bien el conflicto que hay en España por la imposición del enfoque de género en forma transversal en todas las instituciones educativas, porque “los hijos no son propiedad de los padres”. La comunidad de Murcia y los partidos de centro y derecha se oponen a la reforma mediante un pin parental que es una autorización de los padres para que sus hijos puedan participar en esa educación sexual que consideran un nuevo adoctrinamiento marxista.

Es la misma confrontación que se dio en Bogotá el año 2012, cuando el entonces alcalde Gustavo Petro trató de aplicar el mismo sistema educativo que hoy divide a los españoles y que en Argentina fue impuesto por la izquierda peronista desde los años noventa, al parecer con muy pobres resultados.

Después de estudiar durante varios años el enfoque de género, me parece comprensible que no lo entiendan sus defensores y detractores, pues en el fondo es otra forma, muy complicada, de mirar la condición humana.

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