El desarrollo del pensamiento liberal

Ramiro Tabares Idárraga
Columnista

Lo vivido por el país a partir de 1930 cuando se inaugura la República liberal, es de gran importancia para la transformación social y política de una sociedad enquistada en el pasado con privilegios y exclusiones propias del medioevo. Se trata de un periodo de 16 años donde se adelantaron reformas en ese camino cierto hacia la democratización y apertura en sectores vitales como la educación en todos sus niveles.

Aún es materia de estudio por expertos los alcances del Decreto 1238 de 1935, firmado por el entonces Ministro de Educación Darío Echandía y el presidente Eduardo Santos. Ya López Pumamejo con su Revolución en Marcha había dejado la vara alta en materia de aperturas y salidas hacia una civilidad duradera y sostenible en el horizonte de los desafíos del siglo XX. No era fácil legislar para un país godo, dogmático y con militares al mando. La denominada hegemonía conservadora de medio siglo había terminado, dejando secuelas de odios, rencores, abusos y sobre todo con una economía propia de un feudo y con los peores indicadores sociales.

La reforma educativa de 1935 garantizo la libertad de enseñanza, libertad de cátedra, diversificación de las carreras, la ilustración filosófica universal, y la incorporación de los métodos y avances de las ciencias.

Limito la intervención de la iglesia en la educación y devolvió al gobierno el control de los grados, títulos y licencias de funcionamiento sin ningún tipo de censura. El nuevo diseño curricular privilegio la enseñanza de las ciencias liberales, la economía y ciencias de la salud, restando horas/cátedra a la asignatura religión. Se permitió a particulares la fundación de entidades educativas, así como también se dio libertad para el ejercicio de la carrera docente a laicos.

Una de las empresas producto de ese cambio generacional es la Universidad de Medellín UDM. Bajo el lema Ciencia y Libertad y después de una lucha de dos décadas inicio labores en 1950 en una casucha del Barrio Buenos Aires con una facultad de derecho y un grupo de estudiantes la mayoría desechados y no admitidos por sus ideas políticas en la goda y gobiernista Universidad de Antioquia y la confesional Pontificia Boliviarana. Desde sus orígenes la UDM marcó un sendero propicio para la apertura, el debate y la confrontación política y económica desde las aulas en un ambiente de respeto, tolerancia y servicio social.

Su fundación sirvió de crisol para superar esa sociedad excluyente y burgués y dar cabida a nueva generaciones de libre pensadores. Hoy siete décadas después le siguen cumpliendo a Antioquia y al país.