El Comercio es fundamental

Jaime Cortés Díaz
Columnista

Al profesor Moisés Wasserman no le gusta el uso del lenguaje militar utilizado en la lucha contra el covid-19. Guerra contra enemigo invisible no es de su recibo, pues la aparición del “bicho” como dicen en la plaza de mercado, es una manifestación biodiversa “fascinante” que se intercomunica vía contagio y que revela relación con otros seres vivos evolucionados en la naturaleza, que confronta y hace retroceder hasta las cuerdas a todos los humanos, conllevando a profundas crisis de integridad personal, económica y social.

Hacer dicotomía entre vida y reactivación, es un concepto trasnochado de corte perturbativo que se usa hoy como especie de contraste ideológico. Es como negar que para vivir no se necesita alimentar la frágil corporeidad. En cambio se pide a chorros al Estado mantener a toda la población, a sabiendas de que es imposible que existan recursos inagotables para ese fin, ni impuestos futuros que cubran la impagable deuda pública que se ocasionaría. La discusión metafísica acerca de la “bio-glorificación” y los pies puestos en tierra para la continuidad del planeta, la retrata Jean Pisani-Ferry, de Bruselas, al manifestar que “En cualquier caso se profundizará la división entre los que se preocupan por el fin del mundo y los que se preocupan por llegar a fin de mes”.

Pero no es hora de divagaciones. El momento es asegurar manejo disciplinado, de supervivencia, de abnegación, educación y empleo, entre otros. Se trata que en el dilema conceptual casi nadie se afecte de manera irreversible o irrecuperable. El gobierno con el apoyo de la comunidad se ha preparado, siendo las etapas de contención y mitigación exitosas y logísticas, guiadas por factores de salubridad heroicos que ahora permiten abrir de modo lento, con el lleno de protocolos rigurosos de comportamiento, la reactivación gradual de distintos sectores, buscando evitar desenfrenos incalculables en depresiones mentales y financieras. La recesión se prevé inevitable; empero se trata de dignificar el trascurrir no descuidando las medidas preventivas y asistenciales, del flagelo hasta insignificarlo, sin ignorar lo dicho por los científicos al considerar que el virus llegó para quedarse en medio de visibles, asintomáticos y sanos; se convivirá en lo sucesivo con él, aun si llegare a descubrirse tratamiento o vacuna. La reactivación de que se ha venido hablando requiere en el país de una irrigación que surta los efectos buscados; ese complemento es en definitiva el comercio.

Los productores de manufacturas exclaman a quienes vender por cuanto los canales de distribución no están en plenitud. Entonces lo elaborado se vuelve inventario acumulado y los gastos fijos y de adquisición de elementos primarios, en plena cascada con ausencia de caja. Mientras no existan pautas cuasi fijas de desconfinamiento gradual y regulación coherentes en las que se generen medios ocupacionales tendientes a adquirir bienes y servicios, lo mismo que la atención a determinado público por establecimientos a la orden, se seguirán cerrando negocios, unos en forma definitiva, otros que fenecieron y difícilmente resurgirán y muchos que no nacerán. Las secuelas con despidos y cierres de oportunidades aumentan el empobrecimiento, la desnutrición y el hambre especialmente en zonas vulnerables. Las cosas así, dice el profesor de la U. de los Andes Marc Hofstetten, “nadie le apostará a un futuro tan incierto para hacer empresa”.

Romper ese muro es restablecer las condiciones de intercambio y el uso de canal apropiado que, se repite, es el sector comercio generalizado, el cual a su vez hala una cadena multipropósito que con protocolos definidos de bioseguridad, alivianará mecanismos emergentes contra la depresión económica y emocional, logrando bienestar y trabajo. El arranque será lento, sin que ello signifique, de manera alguna, la desprotección de la salud como condición de fuente primordial. Si las circunstancias se dieren, Victoria Eugenia Echeverri Arango, directora de Fenalco Risaralda indica, que “La decisión de empezar a abrir de nuevo exige una variable esencial que tiene que ver con los niveles de cultura ciudadana y disciplina social para respetar las reglas y evitar nuevos contagios”.

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