El antivirus de la Ecología Emocional

Gonzalo H. Vallejo A.
Columnista
Se vuelve angustiosa y recurrente la pregunta de la poetisa argentina Alejandra Pizarnik en su elegía “El despertar”, interrogante que nunca supo responder (se suicidó en 1972 a la edad de 36 años): “Señor, / la jaula se ha vuelto pájaro / y ha devorado mis esperanzas / ¿Qué haré con el miedo?”. Los versos de la malograda rapsoda nos sirven de leitmotiv, un telón de fondo negro, para lanzar la siguiente afirmación y seguir insistiendo: no sabemos gestionar nuestra emociones y, sobre todas, una, quizás la más acuciante y decisiva: el miedo. Es por ello que se torna imperioso hablar de la importancia, hoy por hoy, de la Ecología Emocional, un término “raro” que tomó forma y vida en el año 2003 cuando fue acuñado por los psicólogos españoles Jaume Soler y M. Mercé Conangla, en un libro cuyo subtítulo lo dice todo: “El arte de transformar positivamente las emociones”.

Apoyados en el axioma del humanista alemán Erich Fromm (toda energía que no se dirige a transformar, se orienta a destruir), entendemos el significado, valor e importancia de la Ecología Emocional, ese arte de administrar, de manera sostenible, nuestro mundo interior de forma tal que nuestra energía socio – afectiva fluya e interactúe; contribuya a nuestro crecimiento bio – psico – social; sirva para enriquecernos mental y espiritualmente; aumente la calidad de nuestro mundo intrapersonal y nuestras relaciones interpersonales y mejore nuestro entorno, todo un mundo complejo y por naturaleza conflictivo en el que nos ha tocado vivir. Este nuevo paradigma ofrece un planteamiento crítico, creativo y revolucionario en materia de educación e inteligencia emocionales, al mismo tiempo que amplía su espectro antropológico, ético y pedagógico a la dimensión medioambiental.

El decálogo de la Ecología Emocional, un verdadero pacto por la tolerancia, se sintetiza de esta manera: Ley de la diversidad y riqueza de afectos (de ese caudal depende nuestra estabilidad emocional). Ley de la interdependencia afectiva (nadie es emocionalmente autosuficiente). Ley de la gestión ecológica de los recursos afectivos (todos los seres vivos y todos los recursos son limitados). Ley de la autonomía (ayúdate a ti mismo y todos te ayudarán). Ley de la prevención de dependencias (no hagas por los demás aquello que ellos pueden hacer por sí mismos). Ley del boomerang (todo lo que haces a los demás, también te lo haces a ti mismo). Ley del reconocimiento de la individualidad y la diferencia (no hagas a los demás aquello que quieres para ti, pueden tener gustos diferentes). Ley de la moralidad natural (no hagas a los demás aquello que no quieres que te hagan a ti).

Ley de la auto – aplicación previa (no podrás hacer ni dar a los demás aquello que no eres capaz de hacer ni darte a ti mismo). Ley de la limpieza relacional (tenemos la responsabilidad de “limpiar” nuestros vínculos ficticios e insanos que dificultan nuestro crecimiento personal). ¿Qué nos llevará a ser más autodependientes? Se preguntan los autores: aumentar la conciencia sobre nosotros mismos; darnos permiso para ser y para ejercer nuestra libertad interior; tomar el control de la propia vida y convertirnos en nuestra autoridad referencial ejercitando nuestras competencias emocionales en estrecha relación con nuestra inteligencia; no olvidar que existen opciones “alterativas” y una de ellas es elegir nuestra actitud ante circunstancias cruciales; pasar a la acción coherente, verdadero acto creativo, poderoso dispositivo con el cual derrotaremos la pandemia del miedo.