El amor en las redes sociales

*Rodrigo Tabares Ruiz
Columnista

La tecnología ha invadido prácticamente todos los espacios de nuestra sociedad, revolucionando la manera en que nos comunicamos e incluso la forma en que conseguimos pareja. La búsqueda de nuestra idílica “media naranja” ha sido una constante para la humanidad, sólo que los modos y los medios para llevarla a cabo han cambiado.

En este sentido, las redes sociales han ganado un enorme protagonismo. Desde hace más de una década existen sitios para las citas en línea, los cuales han tenido un crecimiento significativo, convirtiéndose en un negocio rentable para quienes administran estos portales del amor, gracias a un estilo de vida que impulsa a la gente a mantenerse conectada a través de las pantallas, dejando menos espacio para las relaciones personales.

Internet se ha convertido en un espacio orbital de socialización de las personas de todos los estratos socioeconómicos, en donde se generan aventuras sentimentales, amistades, flirteos, engaños, decepciones, hasta el encuentro de la “otra mitad”, con experiencias positivas y negativas para sus protagonistas. Según los datos suministrados por los sitios de ‘on line dating’, más de un millón, cifra que va en crecimiento, de internautas colombianos dedican buena parte de su tiempo de conexión a buscar una pareja estable.

Las relaciones virtuales, en muchos casos, llevan a los internautas a mostrar su verdadera personalidad y presentarse de una manera más auténtica, hasta compartir incluso los sentimientos negativos.

Como alguien afirmó, nuestro principal órgano sexual es el cerebro. A través de la charla erótica y los mensajes amorosos, se generan fantasías románticas y sexuales que inducen a las personas involucradas a soñar con el momento del encuentro físico con ese idolatrado ser. Cuando se da la ocasión, se puede generar una gran decepción o experimentar esa química que reafirma la atracción física, pero que no significa amor porque aún falta recorrer la senda que permita conocer las demás dimensiones de la otra persona.

Finalmente, los romances informáticos no permiten mirar directamente a los ojos del otro, ni percibir con claridad su lenguaje corporal. Una verdadera relación amorosa se nutre de la posibilidad de tocarse, besarse, abrazarse, explorarse, hasta proporcionar un alto nivel de excitación sexual. “En un chat se siente atracción hacia la persona imaginada, no hacia la real que está al otro lado de la pantalla. Esta es la diferencia más significativa entre un amor a través del chat y una relación personal”.
*Universidad Cooperativa de Colombia