Ecos de un gobierno que terminó

Ernesto Zuluaga
Columnista

Concluyó el mandato de Juan Pablo Gallo y bien vale la pena dedicarle un tiempo importante para analizar sus aportes y logros, los errores cometidos y las cosas que no se hicieron. Empezaré por su equipo de trabajo y en próximas columnas por el detalle de sus ejecutorias y de sus falencias. En términos generales puede afirmarse que el alcalde conjugó bien las dos variables que se imponen: política e idoneidad. Esta última había casi desaparecido en los últimos gobiernos y los pereiranos nos habíamos acostumbrado a gabinetes politiqueros que solo respondían a intereses electorales. Caras nuevas, con varios de sus amigos personales, nos sorprendieron inicialmente y en los cambios que se hicieron algunos meses después. Voy a destacar a tres de los mejores de ellos cuyas acciones fueron mucho más allá de lo común y dejaron huella imborrable. El secretario de hacienda, Carlos Maya, quien logró financiar un ambicioso plan de gobierno, se amarró los pantalones para reducir los gastos de funcionamiento y le permitió a Gallo cumplir la promesa de campaña de no cobrar valorización y devolver los pagos que algunos pereiranos ya habían hecho. Sin aspavientos, fue el alfil que el alcalde necesitaba.

La gerente del terminal de transportes de Pereira, Mónica Botero, fue otra de las gratas sorpresas. Con altura y sobriedad le devolvió al cargo el criterio gerencial que se requería, impuso el toque femenino que nunca se asomó por esos lares y mejoró de manera sustancial todos los servicios que allí se prestan a pereiranos y visitantes. Una luz en el camino.

Y el tercero de los funcionarios a destacar fue quien más asombro le causó a la ciudadanía. No sabíamos que existía una empresa de aseo y solo conocíamos de Atesa, el concesionario contratado para barrer la ciudad, recoger las basuras y administrar la disposición final de las mismas. El nuevo gerente, Manuel José Gómez, aceptó el reto de liderar una sociedad desconocida y en un cargo que para muchos era un “relleno” en el gabinete. Sin ser egresado de ninguna de las dos facultades ambientales de la ciudad, con un perfil gremial y ajeno a la política local logró en cuatro años no solo que supiéramos que esta entidad existía sino que su rol podía ir mucho más allá del histórico de ser la cenicienta del paquete y una simple interventoría del contrato que el municipio tiene por muchos años con Atesa. Fueron apareciendo poco a poco sorprendentes y portentosas campañas ecológicas que se sintonizaban con el creciente espíritu ambiental de la ciudad: “llantas verdes”, “recicla ahora”, “erradicación de puntos críticos”, operaciones para recoger colillas de cigarrillos, maniobras educativas y exitosos acercamientos a la comunidad para hacerla partícipe de todas sus acciones. Por años allí no había pasado nada y ni los medios de comunicación sabían de la existencia de una empresa de aseo y de repente un profesional ajeno a estas lides nos estaba pintando la cara, enseñándonos de reciclaje, de ornato, de aseo y de cultura ambiental. Aparecieron destacables jornadas de limpieza, de siembra de árboles, lavado de puentes y zonas duras, artes murales, etc., acciones que poco a poco nos fueron apropiando de esta empresa hasta convertirla en lo que es hoy: una de nuestras joyas más preciadas. Y para rematar el éxito de esa gestión, Gómez logró utilidades por primera vez y por varios miles de millones de pesos en estos cuatro años. Vaya sorpresa amigos pereiranos: tenemos una Empresa de Aseo.

El lado oscuro estuvo por los lados de Planeación donde hubo muchas improvisaciones después de la excelente gestión de Gloria Inés Acevedo y en Desarrollo Social donde quedó una imborrable sombra de corrupción.