Derechos para los animales

Alfonso Gutiérrez Millán
Columnista

En la cinta “El planeta de los simios” un astronauta descubre, con horror, que se encuentra enjaulado en una especie de zoológico para ser observado en forma idéntica a como realizaban en su querida la tierra con ciertos animales “salvajes”. Ahora bien: para evitarle a las aves este disgusto, el tribunal supremo de la India ha decretado que ellas ya no pueden ser enjauladas. Y como si esto fuera poco, la justicia argentina declara “persona no humana” y sujeto de derechos ¡Nada menos que a un orangután!

Y no deberíamos extrañarnos: hasta el advenimiento de la de la ilustración, en el siglo XVIII, desde los filósofos griegos hasta religiones como el budismo, el hinduismo, el judaísmo, el cristianismo o el Islam aceptaron como algo “natural” que los seres humanos fueran vendidos como esclavos. Entre nosotros ello ocurrió hasta bien avanzado el siglo XIX, cuando el presidente José Hilario López terminó con semejante latrocinio.

Filósofos como Peter Singer o Marta Nussbaum proponen nuevos paradigmas partiendo de reconocer a los animales, no humanos, ciertos derechos que les permitirían llevar una vida digna: adecuada nutrición, actividad física, librarlos de dolores, miserias o crueldades y no encerrarlos fuera de un hábitat natural; lo cual incluye entablar relaciones que resulten gratificantes para ellos. Y, de considerar absolutamente necesario sacrificarlos, suministrarles una muerte indolora. El hecho de que los animales humanos nos consideremos superiores no autoriza a negarles un mínimo de derechos: El progreso de la conciencia ética en el siglo XXI así lo proclama.

No se carece de antecedentes: en el año 55 A.C. el general Pompeyo costeó en el coliseo romano un combate mortal entre decenas de expertos gladiadores y algunos elefantes. Pero los animales eludieron luchar, dirigiéndose hacia las graderías en actitud que parecía suplicante: y entonces los integrantes de la plebe levantaron manos y voces hasta lograr que se les conservara la vida. En opinión de Cicerón ¡Esos elefantes habían establecido una verdadera relación de comunidad (o “societas”) con los seres humanos!