¿De quién es la culpa?

John Jairo Oyola
Columnista

A diario estamos buscando un culpable de la situación del país, de la economía, de la criminalidad, de la desigualdad, de la falta de oportunidades y de muchos otros temas que son de predilección en una nación llena de tantas injusticias. Y cuando abordamos el tema político se nos amplía el espectro de la búsqueda de esos culpables, eso sí, dependiendo de la tendencia política en la que nos encontremos, porque aquí en Colombia ya no se pude hablar de ideologías sino de tendencias, y esas tendencias las marca una persona que con sus características, se convierte en el líder, en el caudillo, en el dirigente de turno, del que se espera esas fórmulas salvadoras para sacar este País adelante, así le toque a ese dirigente, caer en las fauces del populismo, para llegar al poder con sus fórmulas mágicas pasajeras, mientras dure la campaña, y se tenga que aplicar el rigor de la dirección y de la administración de lo público, lo cual debe estar siempre sujeto al imperio de la ley. ¿Entonces, dónde queda ese romance y esa esperanza con las personas que los eligieron? ¿Y si se debe cumplir la ley, entonces por qué la situación real de las comunidades es diferente? Una respuesta sencilla es la falta de presupuesto, pero no, plata hay y debe saberse invertir.

Otra respuesta más sencilla todavía, pero que es evadida por los elegidos, pues fue el caballito de batalla para elegirlos… ¡La Corrupción! Si, ese cáncer, esa enfermedad mortal de la democracia que ha hecho metástasis en todos los rincones de la Administración Publica. La corrupción es la que no deja, porque plata si hay, y mucha, pero es la orientación con que llegan muchos al poder para encauzar los recursos a los bolsillos de un selecto grupo amigo del mandatario de turno.

Es la orientación de las obras públicas que se le da a los recursos, la “necesidad” creada para realizar tal o cual obra, es la poca inversión social en las comunidades para fomentar el empleo de las personas de los barrios, y el afán de hacer Megaobras que “beneficien” a la ciudad, al Departamento o a la Nación. Es la “necesidad” de recortar servicios en salud, en educación, en recreación o en empleo, para ajustar el presupuesto y empezar la famosa racionalización del gasto. ¿De quién es la culpa entonces? ¡Pues de nosotros mismos que somos los que los elegimos! Sigamos eligiendo a los que en campaña están con el pueblo, pero que una vez elegidos, se apartan del mismo y de sus necesidades.