Controlar la ira

Neverg Londoño Arias
Columnista

Muchas cosas en el diario vivir alteran la parte emocional: la injusticia social, los conflictos en el medio laboral y las incongruencias en la vida familiar. Son esos momentos en los cuales los problemas van por un lado y las soluciones por otro; los recursos inferiores a las obligaciones, el cierre de las bienaventuranzas y las posibilidades de salir a flote, la incomunicación y la disfuncionalidad campeando por los lugares comunes del hogar, que dan como resultado: la ira. Este es un estado emocional que salta como un mecanismo de defensa frente a un vacío de fortaleza y seguridad para encontrar equilibrio en el resentimiento y la irritabilidad.

Ante la presencia de la ira el organismo reacciona en forma instantánea alertando todos los sistemas alterando la digestión y elevando los niveles de adrenalina, noradrenalina, presión sanguínea, respiración y ritmo cardíaco. Se cambia la expresión del rostro, se eleva el tono de la voz y en muchos casos se generan extrañas reacciones que buscan intimidar al agresor y tratar de lograr la corrección de comportamientos. Algo de esa parte salvaje de los primitivos mamíferos reaparece en toda su plenitud.

La ira manifiesta puede controlarse de inmediato marginándose del conflicto y huyendo. Emoción reprimida que afecta el comportamiento normal de las personas con pensamientos no deseados, pesadillas, estados alterados y miedo. Cuando a la ira se le da salida se es propenso a perder el control y activar la agresión y la violencia.

Controlar los estados de ira puede ser posible. Conviene aceptar que las personas son diferentes y cada una tiene su modo de ser y vivir. Nadie cambia para satisfacer a otro, prometer implica sacrificar algo que no se está dispuesto a entregar. Pero el cambio puede ser individual para generar satisfacción personal y mover todo alrededor.

Cambie su comportamiento que la felicidad sólo está en usted. Quiérase para evitar que sentimientos negativos invadan su corazón.

Cuando llegue la ira, racionalice el momento. Piense en eso que le enoja, ¿Se justifica estar alterado?… ¿Habrá dejado algo sin resolver para que se presente un conflicto? Trate de caminar un poco. Busque construir, asuma su propio control, hable con pausa. Respire profundamente, relájese. Tómese su tiempo para responder, no se acelere. Trate de hacer una pausa, piense en lo que desea hacer.

Pasado un momento retome todas esas cosas que ha dejado pendientes. Reflexione y busque mejorar la comunicación. Usted merece vivir mejor.