“Conspiretas”

Alfonso Gutiérrez Millán
Columnista

Los conspiretas llevan siglos explicando las catástrofes como fruto de unos pocos, y siniestros, adoradores del poder. Y el primero sería, sin la menor duda ¡El mismísimo diablo! Sin embargo, como este personaje hasta se dio el lujo de negociar con el padre eterno sobre la mejor forma de desgraciar al santo Job; los eternos conspiretas se buscaron candidatos menos tenebrosos, como los judíos, a los cuales les endilgan catástrofes como aquella “peste negra” que azotó a Europa en la edad media.

La policía secreta del zar, “Okhana”, elaboró un documento supuestamente capturado a los jefes secretos del judaísmo mundial: los “Protocolos de los sabios de Sion”, en el cual prescriben el principal medio para debilitar a sus enemigos: implantar en las masas complicadísimas y populares doctrinas para debilitarlos sustancialmente, como sucedió con el cristianismo frente al imperio romano o con esa confianza en la ciencia que proclamaron judíos como Newton para acabar con los reyes absolutistas o con ese fascinante igualitarismo construido por el judío Carlos Marx, contra la civilización occidental.

Ahora mismo, a un científico lingüístico sumamente crítico, Noam Chomsky, le adjudican la última teoría conspiratoria: el Covid-19 habría sido construido por la inteligencia norteamericana, para iniciarlo en la ciudad donde China tiene sus laboratorios de guerra bacteriológica, y desprestigiar ese país ante el mundo. Pero también se habría inoculado en competidores de USA, como Sur Corea; y en esa Europa que tanto detesta Trump, como sucede con Francia o con el norte de Italia cuyo líder, Salvini, simpatiza con un Putin que -como experimentado miembro de la KGB soviética- a los primeros síntomas del Covid-19 aisló por completo a Rusia. Y aquí ¡tranquilos!… como buenísimos súbditos del imperio recibiríamos solo un contagio moderado ¡Por aquello de la coca!