Consecuencias de una mala ordenación

Luis Miguel Cárdenas Villada
Columnista

El mejor testimonio es el tiempo. Se reconoce que la existencia transformada en persistencia es una patología que solo se puede superar por dos caminos. El primero ser sometido el paciente a tratamientos psicológicos o psiquiátricos según la apreciación somática. El segundo es cuando el presunto enfermo realmente no lo está, demostrando con los sucesos que lo advertido previamente sucede realmente por razones innegables del tiempo transformado en historia real indiscutible.

Hoy más que ayer se demuestra las profundas diferencias entre Orden, Ordenamiento y Ordenación Territorial. No se insiste en explicaciones teóricas sobre conceptos acabados y reconocidos universalmente, solo se enuncian para atestiguar que el mejor argumento de verdad es el tiempo. Las circunstancias de tiempo, modo y lugar están al orden del día. Nada absolutamente nada pone en discusión lo que está sucediendo.

Interesante resulta observar cómo columnistas de la orden nacional y local con brillantez demostrada tratan de demostrar que el territorio jurisdiccional existe realmente. La reflexión de existencia real de un atributo cualquiera, explicando la dimensión territorial, surgida del reconocimiento u ordenamiento es axiomática, nada ni nadie podrá demostrar lo contrario. Por más que se esfuercen no podrán alterar el curso de la historia, aún empleando la ordenación como método explicativo, finalmente los resultados son testimonio de verdad innegable.

Se afirma que la propiedad jurídica del suelo está determinada únicamente por el concepto de legalidad sin importar el carácter de legitimidad del suelo. Se pone en consideración el caso de una Unidad Agrícola cuyo origen es la expropiación violenta de la misma utilizando la presión indebida para fijar un bajo precio y adquirirla sin que el poseedor pueda intervenir en la transacción voluntariamente. La finca es comprada por un narcotraficante, posteriormente vendida a unas personas sin que existan antecedentes de reconocimiento, solo interesa el procedimiento legal hecho en condiciones amañadas por motivo de la ordenación sin considerar el orden y el ordenamiento. El Gobierno Nacional dándole cumplimiento al Orden expresado en un Acuerdo de Paz que tiene compromiso constitucional procede a desconocer unos propietarios aparentemente legales pero definitivamente ilegítimos repudiando el trámite legal e inicia el proceso legítimo de adjudicación a personas que demuestran su condición de desplazamiento y expropiación. Los presuntos compradores legales más no legítimos protestan el proceder, demandan su legalidad.

Si en Colombia se actuara con cargo al ordenamiento y no a la ordenación como proceso administrativo, bastaría una simple actualización catastral con lectura técnica a través del Certificado de Tradición encontrándose irremediablemente el propietario inicial del predio y su devenir histórico de antecedentes. No se requiere de un gran esfuerzo intelectual. Los trabajos de Cartografía en el Ordenamiento Territorial hechos por excelentes profesionales de Eafit, Universidad de los Andes y Universidad Distrital de Bogotá, determinan con claridad la evolución de la propiedad en Colombia y con ellos la aproximación a los legítimos dueños. Para el caso de Risaralda existe, si no se ha perdido un antecedente de Investigación Predial en Dosquebradas denominado “Evolución de los Precios del Suelo en el Área Metropolitana del Centro Occidente” documento que fue Tesis de Grado en la Universidad Nacional.

Otro ejemplo de certificación de desordenamiento territorial por el camino de la Ordenación o POT es la decisión tomada por el AMCO en materia de Pico y Plaza para taxis que reconoce que se piden estudios para tomar una decisión acertada. Qué más se solicita para sustentar que el territorio se concreta y jamás se decreta. No lo digo yo, las circunstancias de la institucionalidad lo confirman.
Lumica74@hotmail.com