Cincinato

Julián Cárdenas Correa

Columnista

No conocía la historia de Cincinato, pero la leí hace poco en el libro Titanes de Tim Ferris, y me sorprendió el tamaño de ser humano que fue este cónsul y dictador romano (sin que este último tenga el concepto tan negativo que tenemos hoy del término).

Para abreviar la historia y quizás lo más sorprendente de Cincinato, es que siendo un hombre rico, supo asumir en dos ocasiones el poder en Roma y dos veces, una vez concluidas sus misiones y objetivos, supo retirarse voluntariamente, una vez ejecutadas dichas misiones. Una muestra de grandeza, de capacidad de renuncia, y una capacidad de no dejarse embriagar por el poder tal, que inspiró el nombre de una ciudad en Estados Unidos.

Capacidad de renuncia, de dejar el poder, son valores. Y antivalores son no ser capaz de ello, creer que somos la única esperanza de empresas, comunidades, ciudades y países. Autoasignarnos una confianza mesiánica,  en muchas ocasiones nos expone, no al ridículo, eso es lo de menos; sino a que seamos palos en la rueda, a que no permitamos que lleguen nuevas visiones, nuevas ideas, nuevos liderazgos.

Se requiere mucha grandeza espiritual y además estar muy satisfecho con la vida, para saber hacernos a un lado.

La reflexión me surge porque tenemos en todos los ámbitos, a anti-cincinatos. Personas y personajes que están tan asidos al poder, que ya marean, lucen despóticos y mesiánicos, y no son capaces de leer el agotamiento que nos generan algunos. Y no es el agotamiento per se, sino que con una visión personalista, cerrada y sesgada, coartan el flujo de las dinámicas que jóvenes líderes, empresarios incólumes y otros espíritus desprendidos, pretenden traernos, llenos de buena energía, buena vibra, positivas visiones. Muchos de ellos Cincinatos que no buscan dominación, sino aportar, construir, incluso en el anonimato.

La temporada de fin de año, con todas las reflexiones que siempre nos generan, son un momento de esos en donde cruzamos dedos y pensamos en que sería excelente que algunos se hicieran a un lado, como Cincinato. Pero como humanos que somos y son, y dado que ese nivel de iluminación es escaso; sabemos que seguiremos tratando de remar o de avanzar, pero que seguirán esos palos en la rueda, seguirá esa visión decimonónica, que nos permite avanzar dos pasos, pero retroceder otro…

Los anticincinatos no necesariamente son viejos en edad, algunos lo son en ideas. Los aportes obtusos o su melancolía de que lo viejo siempre fue mejor, no nos permite mirar con determinación al futuro.

Algunos son faros y los necesitamos, pero otros ya no lo son. Así de sencillo. Así como Cincinato pudo renunciar dos veces a semejante poder y por ello la historia lo recuerda y ensalsa, también destacan como malos recuerdos quienes no fueron capaces de ello y por el contrario la historia no reserva más que una nota de pie de página.

El mundo sigue, debemos dejarlo girar y retirarnos a disfrutar de la vida, cuando aún podemos hacerlo.