Celulitis, el vicio del celular

Fabián Henao Ocampo
Columnista

No se desespere si ya se dio cuenta que no puede romper el vicio de estar revisando el celular a toda hora; esa es una costumbre que coge uno de un momento a otro y después no la puede soltar; la nomofobia es la enfermedad que padecen quienes deben estar todo el tiempo con el celular en la mano y sienten pánico y retorcijones si lo dejan olvidado en alguna parte.

Si uno logra superar ese vicio, no solo se curará de la enfermedad sino que ahorrará mucho dinero; se quitará el problema de estar buscando donde cargar cargar el equipo y disfrutará más la vida normal con las personas que uno tiene a su alrededor.

Hace unos días publiqué en una columna que una enfermera de una de las tantas EPS que tiene Pereira le aplicó el medicamento de un paciente a otro enfermo solo por estar chateando por el Wathsapp; lo interesante es que al paciente al que le aplicaron la dosis equivocada no le produjo daños colaterales, pero al que no le aplicaron el medicamento se quedó esperando toda la mañana porque la “morronga” de la enfermera no cayó en cuenta del error hasta que un familiar del paciente le hizo el respectivo reclamo.

Lo mismo ocurrió en el año 2017 con un grupo muy grande de policías (2500) que fueron suspendidos de sus labores porque según la dirección de ese organismo; ellos descuidaron sus funciones por estar chateando. En el caso de los policías la suspensión por estar chateando en servicio es de uno a seis meses y durante ese tiempo el uniformado no recibe el respectivo salario.

Según las estadísticas una persona en promedio revisa el wathsapp 23 veces al día; pero hay personas a las que esa cuenta les pasó hace mucho rato por encima. Una de las claves para ponerle freno a esta adición (si no es por cuestiones laborales) es la de ponerle limite cada día, ponerle horario ¿a qué horas del día reviso mi celular? o debo estar pegado todo el tiempo. Esa es la primera decisión

Dejar abierta la entrada para las cosas realmente urgentes, si alguien me necesita entonces que me llame al número del celular, para poder desconectarme por un tiempo de una red que intenta atraparme todo el día para no dejarme pensar y veces para no dejarme vivir. Esa es la segunda decisión.