Cargas de profundidad

Gabriel Alberto Toro Peláez
Columnista

Através de los medios de comunicación llega toda clase de informaciones que son estimuladas por tratarse de un virus desconocido, que tomó por sorpresa a toda la humanidad y además por el temor que esas divulgaciones despiertan, con sus amenazas de muerte.

Esto me lleva a intentar un resumen, por supuesto nada original, sino extractado de la avalancha informativa, buscando allí los conceptos que parecen más serios y documentados.

No se trata de una bacteria, es decir de un ser vivo que se pueda matar con un antibiótico o bactericida, sino de una molécula agresora al contacto con las mucosas: ocular, nasal o bucal, por donde penetra a los pulmones, donde puede causar estragos que, en los casos más graves, genera pulmonía y se transmite a hígado y riñones con consecuencias fatales.

Esa molécula solo es destructible para lo cual y aprovechando que está recubierta de una delgada película de grasa que sostiene unos diminutos filamentos, que le permiten penetrar a los órganos mencionados, se puede utilizar el alcohol; siendo suficiente el uso frecuente del jabón y por ello se aconseja el lavado de las manos, ya que pueden ser el vehículo adecuado para recoger el virus y llevarlo a las mucosas de la cara.
El virus es transmitido por personas afectadas cuando al conversar, toser o estornudar liberan al aire pequeñas partículas de saliva que vuelan hasta dos metros antes de caer al suelo, o las recogen en sus manos.

Se debe tener en cuenta que el virus contaminante conserva sus efectos nocivos en el aire o cuando debido a su peso cae sobre tela por 3 horas, en cobre o madera, hasta 24, en cartón o metal 42, y en plástico hasta 72 horas. Pero es de advertir queno se deben sacudir esas superficies porque regresa al aire.

Son síntomas: tos seca por tres días, fiebre, dolor muscular o de cabeza, respiración agitada; efectos que pueden permanecer asintomáticos por 15 días; por ello se aconseja aislarse en caso de sospecha.
Esto nos lleva al aislamiento que soportamos estoicamente, acudiendo al proverbial civismo de los paisanos que más temprano que tarde, nos permitirá regresar a nuestras actividades habituales, recuperando la ruta del progreso.