Cargas de profundidad

Gabriel Alberto Toro Peláez
Columnista

Perdió Colombia la oportunidad de ir a Tokio a conquistar el título Olímpico 2020 de fútbol, frente a la aguerrida Selección de Uruguay, que puso todo en la cancha, demostrando amor por su Patria; en tanto, que nuestros jóvenes jugadores hicieron gala de una mala dirección que, aparte de no ejercitarlos para estar dispuestos a patear la pelota hacia el arco contrario, como se vio en el primer tiempo con un solo disparo desviado, fue incapaz de desarrollar las habilidades propias para mantener y conducir el balón hacia adelante.

Abusan nuestros futbolistas del juego hacia atrás, en todas las categorías, haciendo frecuentes pases en terreno propio no disputado; perdiendo el tiempo y demostrando su complejo de inferioridad frente al contrincante, que aprovecha esta circunstancia como ventaja para recuperar el balón cerca a la portería contraria poniéndola en peligro inminente.

Mientras los equipos que contienden contra Colombia, demuestran la garra propia de su patriotismo y entrega; nuestra Selección se ve débil para contenerlos y demuestran falta de preparación con pases imprecisos que finalizan en poco rendimiento y falta de armonía en el desarrollo del juego.
Nos quedamos en el formalismo cuando por las calles y pueblos de Colombia lucimos la camiseta nacional, como un símbolo exterior de un aparente patriotismo, ausente en el corazón y débil para lo fundamental, que sería un verdadero sentido de pertenencia con el suelo que nos vio nacer y las gentes que habitamos este territorio; aspecto en el cual, abunda el egoísmo y el abandono de causas más trascendentales.

En todo ello, resalta la mala formación de nuestra juventud, el desprecio por los valores ancestrales; aflorando la incultura y la falta de pundonor para comprender que se debe participar con ardentía; pero con respeto, en tratándose de un deporte en el que se emula por demostrar una mayor capacidad, sin abandonar el criterio del juego como competencia sana.

Los incidentes, protagonizados por los jugadores Sandoval y Ditta al final del partido contra Uruguay, son expresiones de pésimo valor comportamental, que merecen un adecuado análisis, dentro la implementación educativa del propósito presidencial para desarrollar la política de la llamada “Ola Naranja”, con su adecuada carga de cultura, amor por la patria y formación de nuestras juventudes.