Cargas de profundidad

Gabriel Alberto Toro Peláez
Columnista

Desubicada la propuesta de los opositores que tratan de imponer reglas de negociación inaceptables; máxime cuando pretenden arrodillar al gobierno, mediante paros y movilizaciones incontrolables.

El presidente Iván Duque Márquez siempre ha estado presto al diálogo visible, desde el denominado “Construyendo País”, visitando todas las regiones colombianas, en reuniones abiertas, en las que escucha las inquietudes de los habitantes de la respectiva comarca.

Los huelguistas insisten en qué se debe desmontar el Escuadrón Móvil Antidisturbios -Esmad-, que es el organismo de protección que respalda a los integrantes de la policía que hacen presencia en las protestas violentas, para disuadir a los revoltosos en sus desmanes; cumpliendo con los deberes del gobierno y la Fuerza Pública, sobre la conservación del orden social y los derechos de la inmensa mayoría de pobladores de Colombia, que son atropellados por los vándalos, en sus bienes y libertad de locomoción.

Lamentable la posición de algunos congresistas, que olvidando sus deberes constitucionales de producir las leyes para la concordia del país; por el contrario, prefieren unirse al populacho con sus consignas destructivas internacionales; defendiendo a los vándalos, secundando la consigna de eliminación del Esmad y la pretensión inusitada de que sean admitidos en una “negociación” que los lleve por la vía de extorsión al co-gobierno.

Algunos medios de comunicación que son manipulados por periodistas de izquierda, se entusiasman con la idea de “la negociación”, olvidando deliberada o ingenuamente la inspiración antidemocrática, cuyo objetivo es el de provocar una revuelta generalizada, orientada por el comunismo internacional para ampliar sus dominios en América Latina, con las subsiguientes secuelas de tiranía, desconocimiento de la libertad, la propiedad privada, persecución religiosa e instalación de la pobreza de sus gentes que garantice el predominio de sus trasnochadas y fracasadas ideologías.

Hacemos votos en esta Navidad, para que el Divino Niño ilumine a nuestro Presidente Duque, dándole fortaleza y sabiduría suficiente para desarrollar el diálogo que se ha propuesto, con personas probadamente malintencionadas, para salir airoso en el ejercicio de sus funciones, controlar el orden público; sin desconocer que la voluntad de solo 120 mil personas no puede imponerse a los 45 millones de colombianos que repudian esas prácticas, ni al resultado democrático que por mayoría lo llevó al poder.