Bofetada a los municipios

Alvaro Rodríguez H.
Columnista

Llamar al orden a un alcalde por una decisión, más alejada de una realidad económica sino humanitaria, no deja de ser una bofetada al orden municipal relegado.

Es un talante de tener el control sobre todo pero sobre nada. Se ha visto, pese a los esfuerzos del Presidente Duque, de no tomar decisiones extemporáneas. Como caídas del cielo.

Una rara dicotomía: la economía naranja cambiando de color en tiempos del cólera y el afán de egos. Se compite con todos y no es el momento en la historia. Pañis de tensiones, de conflicto en su estructura.
En vez de desperdiciar el tiempo, como recurso único, no es la hora del enfrentamiento.

No es extraño que la crisis actual, enseñó las peladuras municipales. Con sus finanzas descalabradas después del proceso electoral último. Con sus empresas de servicios en muchos casos, en ruina financiera y mal administradas. Con su pequeñez de Hacienda rutinaria.

Colombia ha encubado un extraño rompecabezas territorial: el Estado cabezón, robusto en su estómago pero raquítico en su cuerpo. Anemia en muchos frentes. Incluida la de liderazgo.

Hoy, la realidad es contundente: informalidad, el día a día, la remesa extraviada, el gota a gota, menos puestos de empleos, una oscuridad de circulante dentro de una maraña de gobierno locales infectados por la inercia. País de rebusque. Colombia en riesgo. Expuesta. Una enfermedad de origen que clama por múltiples soluciones que sectorizadas, aumentan.

Espejo de las llagas que irrumpen y que los expertos, no quieren remediar por otras acciones en el mercado.
Hay que remar para un sólo lado. Como lo descubrió el filósofo de Risaralda, de manera virtual.