Asuntos de amor

Neverg Londoño Arias
Columnista

La vida es esa larga conversación que se lleva entre dos, tres, cuatro o muchos, en los extraños estados de convivencia con otros; aquellos que hacen parte de nuestra mas inmediata semejanza.
Las relaciones entre los seres humanos siempre se establecen para dar paso a la familiaridad, la aceptación, el rechazo, el miedo y talvez el amor.

“El amor se manifiesta en el mundo pero no pertenece a él: los seres humanos le tienen miedo”. (*)
El amor por sí mismo es un estado del alma que pertenece a todos los lugares de la extraña geografía del ser humano, reposa para satisfacer a su poseedor y proveerle de fuerza para enfrentar los retos de la vida. Sentimiento puro que se tiene para sí, carece de egoismos y se entrega como protección, cuidado, acompañamiento, no exige compensaciones. El autoconocimiento y la autoacepación llevan a recordar que sólo se da lo que se tiene para sí porque “el amor se alimenta de lo que sucede dentro de nosotros” (*).

Cuando aparecen el amigo y la amiga se consolida la llegada de los hermanos que faltaban en la lista familiar: amores elementales que ocupan otra dimensión de la filialilidad; compañía cómplice que impulsa a vivir en ese extraño contacto con otros mundos en la búsqueda de las cosas eternas. Pasos obligados para el amor hacia otros, siempre asociado con el “sentimiento de eternidad”.

El amor pertenece a la necesidad de entregar, compartir y aceptar; demarca su afinidad con el “misterio y el silencio”. Es la eterna búsqueda de alguien presente de quien se hizo un obligado desprendimiento. “Los ojos que me hechizan con su misteriosa malicia son los que me miraron cuando era muy pequeño, cuando aún no estaba muy consciente de mí mismo… importa en cierto momento ese gesto, esos cabellos, esa voz, esas manos pueden hacerme arder de deseo. Son la belleza que busco, son lo que coincide con el deseo que el otro evoca en mí” (*Aldo Carotenuto).

Lo que se ha conseguido atemoriza y llena de incertidumbre. Se ha provocado una extraña e inexpresable patología: el individuo se convierte en un “testigo incómodo” de este mundo, incentiva el deseo de anulación en medio de las provocaciones del amor pasión.

La presencia del otro invade los espacios de inmediato, su imagen se hace dominante tras una combinación de suertes lanzadas al azar en un juego de obsesiones constantes; momento para comprender que se ha iniciado un camino hacia el pasado.