Aspectos recíprocos de la cultura ciudadana

Jaime Cortés Díaz
Columnista

En su pasada columna, el periodista y abogado Luis García Quiroga anotaba la problemática que se vive en la ciudad relativa a “calidad de vida” deficiente por el descuido en aspectos en que se ejercita el actuar de la población y la ausencia de cultura ciudadana que mueva a respetarla, y en auxilio de ello se pide ejercer la vida en colectivo con comprensión del bien debido, a cuidar el mobiliario público con esmero, a destacarse en las calles y otros sitios observando la señalización según la condición en que se desplace, de tal suerte que la interrelación con los demás se suceda en armonía, solidaridad y civismo.

Pensadores como Locke Rousseau, Fichte, Shelling y otros, aunque diferían en algunos matices, sostenían “que el verdadero yo del hombre sólo podía realizarse dentro de la mejor especie del grupo social (léase Sociedad). Veían que la asociación humana no se produce en perjuicio de la mejor forma de vida, sino más bien como un medio para alcanzarla” (S.E. Frost Jr: “Enseñanzas básicas de los grandes filósofos”, edit. Diana).

La locomoción natural o por medio de mecanismos en espacios abiertos y comunitarios, es el contacto inmediato de los individuos, siendo, en su concurrencia, que las relaciones se deben dar con conciencia, y predispuestas a cultivar hábitos que generen buenas costumbres, trato adecuado y consideración.
Pero asimismo los ciudadanos exigen y tienen derecho a contar con sitios cómodos y buen mantenimiento que los concite a responder de igual manera a las pretensiones del comportamiento que se les pide.

La importancia de los semáforos peatonales (la gente no sabe si puede pasar o no, y se apresuran al cruzar corren peligro no solamente por las roturas de las vías sino también de sus aceras).
El hundimiento de adoquines, tornillos de estructuras sin recortar, ocasionan caídas; rampas sin nivel cero al acceso, presentan impedimentos para gente con movilidad reducida; la invasión al espacio público obstaculiza andenes y carriles para el flujo de peatones, ciclistas y vehículos, haciendo parte de los riesgos que ponen en vilo la seguridad y la integridad de las personas, aspectos que se agregan al mal estado de las alcantarillas y registros de agua.

Desde el año pasado se habló de la carencia de alumbrado público en muchos sectores de la ciudad y el campo por la falta de preservación y adecuación técnica debido, entre otras, a la nulidad que tuvo la licitación, la cual no se sabe cuándo saldrá de nuevo. El daño se mide con las innumerables quejas de los habitantes que claman con ahínco, pues siguen pagando el impuesto que se genera por el mandato legal y acuerdo del Concejo de Pereira, lo que hace pertinente que el ente fiscal, la Contraloría General de la República, intervenga o que los vecinos de los lugares afectados se unan para demandar judicialmente por medio de acción de grupo, el incumplimiento y, aún, la devolución del gravamen pagado durante el tiempo de la incuria.

Como se deduce, la formación de una cultura ciudadana es correlativa a la obligación de las autoridades de disponer lo que les corresponde en la funcionalidad y ambientación de la ciudad, de manera que así florezcan las virtudes cívicas y, al decir de García Quiroga, ella (la cultura ciudadana) se vuelva “aliada natural del desarrollo social y económico.