Año viejo

Neverg Londoño Arias
Columnista

La costumbre de quemar el año viejo por el solo hecho de hacer ruido, va perdiendo su sentido en la medida que las prohibiciones sobre el uso de la pólvora hacen menos sonoro ese ritual y los simbólicos personajes del año incinerados en la pira de la cuadra, siguen tan campantes haciendo de las suyas en los estrados del parlamento, la política nacional e internacional, la paz y la guerra.

La expresión popular siempre recoge el resentimiento de sus dirigentes y la posición sesgada de los medios de información. En esta forma se tienen señalados desde lo alto los muñecos que los agentes de la nueva inquisición -desconocedores del origen de su extraño rencor-, van a sacrificar entre los gritos aguardientados del “Feliz Año Nuevo”.

Los verdaderos problemas del país no dan para atender distractores. Conviene sacrificar en el fuego purificador del año viejo la gran brecha social entre ricos y pobres, las políticas públicas poco generosas con la clase popular, los salarios que no corresponden a la realidad social y la imagen de una clase dirigente que ha aprendido a evadir sus responsabilidades y el dictamen de los jueces acomodando la constitución y la ley a sus caprichos e intereses.

Conviene reconocer que lo más cercano a cada uno de nosotros es el grupo familiar. Algo afín al corazón y los afectos, donde la supervivencia se hace visible en medio de la indolencia generalizada. En este lugar tan personal se debe dejar el año viejo para entrar al año nuevo con buenos deseos de vivir y ser mejores seres humanos.

Realice este sencillo ejercicio: Escriba en una hoja de cuaderno todo lo bueno recibido, sueldos, ganancias, el relato de sus logros profesionales, los buenos resultados en la salud y la persistencia de los buenos amores que hacen posible los gratos momentos. Guarde ese balance positivo en un lugar especial de su escritorio.

Acto seguido personalice su año viejo. Tome una caja pequeña. Dibuje sobre ella la cara de un viejo rezongón. En una hoja de cuaderno escriba brevemente los problemas de salud, problemas económicos, penas, miedos, desamores, frustraciones y todo aquello que le ha causado dolor, duda y pesadumbre. Si aparecen las lágrimas deje que ellas caigan sobre el papel. Tómelo, dóblelo e introdúzcalo en la cajita: su año viejo personalizado. A las doce de la noche, incinérela, abra su alma a cosas mejores para reemplazar los malos momentos.
Usted sabe que logrará todo lo que espera para un año nuevo feliz.