¿A dónde vamos con la competitividad?

*Heiller Abadía Sánchez
Columnista

Al hablar de competitividad son muchos los elementos que entran en juego, máxime cuando se trata de los procesos que se dan en esta materia en un país en vía de desarrollo, como lo es Colombia. Convergen ideas, opiniones, pensamientos y por supuesto, inquietudes al respecto, sobre todo en lo relacionado con la incertidumbre de un futuro “promisorio” augurado por los empresarios nacionales y transnacionales de este país.

Una forma de entender a grandes rasgos este fenómeno es analizando cada uno de sus aspectos más relevantes, por ello en la presente columna, nos centraremos en la discusión que se pueda dar frente a la visión 2032 en materia de competitividad. Según el informe nacional de competitividad, “en 2032 Colombia será uno de los tres países más competitivos de América Latina y tendrá un elevado nivel de ingreso por persona equivalente al de un país de ingresos medios altos, a través de una economía exportadora de bienes y servicios de alto valor agregado e innovación, con un ambiente de negocios que incentive la inversión local y extranjera, propicie la convergencia regional, mejore las oportunidades de empleo formal, eleve la calidad de vida y reduzca sustancialmente los niveles de pobreza”.

Es necesario dar claridad a lo qué es competitividad, entendida no como un concepto de definición específica, sino como la convergencia de elementos que permiten elevar las condiciones económicas y por ende de calidad de vida de un país, a través de la definición de políticas públicas adecuadas, además del concurso del sector privado, la sociedad civil y el Estado, este último como legitimo representante de los otros dos. La competitividad redunda en innovación, crecimiento, desarrollo y se mide, entre otras, por la productividad, la cual permite establecer indicadores fiables de crecimiento. La mayor competitividad se refleja en aumentos en los salarios reales de los trabajadores, en mayores ingresos por habitante y en una mejor calidad de vida de la población. La mayor competitividad es un componente necesario del camino hacia el desarrollo.

Ahora bien, si la competitividad está relacionada con la producción de cada trabajador en relación con su salario, y cómo este factor afecta de manera directa sus posibilidades de vivir con más calidad, pues, entran al juego la educación, la ciencia, la tecnología, la salud, la cultura y muchos más, además de los factores meramente mercantilistas y de expansión de mercados, que si bien son de gran importancia en la competitividad y podrían denominarse como elementos coercitivos en la búsqueda de la competitividad, no darían los mismos resultados si no son ligados con la estructura social del Estado y de la nación misma.
*Docente Universidad Católica de Pereira