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lunes, mayo 27, 2024

SOY JUDÍO Y NO PUEDO DEFENDER A ISRAEL

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La Vorágine

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Víctor Zuluaga Gómez

Este es el título de una columna escrita para El Espectador, del reconocido economista, Salomón Kalmanovitz. Su posición obedece a un profundo análisis de la situación que de tiempo atrás se ha venido presentando entre Israel y el pueblo palestino, especialmente en la llamada Franja de Gaza.

Sería en el año de 1948, luego de finalizar la segunda guerra mundial, cuando los países aliados que derrotaron a Alemania, consideraron de justicia respaldar la conformación de un Estado israelí, de tal manera que todos los judíos que habían sido dispersados por todo el planeta, pudieran consolidar su comunidad en un territorio, y para ello se señaló el que por tradición era llamado “tierra prometida”, ocupada en su momento por los judíos que fueron liberados de Egipto.

Nadie puede negar el sufrimiento del pueblo de Israel, ocasionado por los romanos y luego por parte del nazismo, pero tampoco para expandir la frontera a costa de otros pueblos que también tienen derecho a territorio autónomo. 

En los actuales momentos, los violentos ataques de Israel en la franja de Gaza, no han contado con la reprobación de los Estados Unidos ni de la Unión europea, en la medida que la posición que tiene Israel en el Medio Oriente garantiza el acceso de hidrocarburos, área que tiene unas reservas incalculables. Pero, desde luego que los israelíes siguen aferrados a los argumentos religiosos al considerar que su territorio fue otorgado por Dios, Creador y Dueño del Universo. Este argumento, de fe, en nada se diferencia de la entrega que en su momento realizó el Papa Alejandro VI, de todas las tierras del Nuevo Mundo, a los reyes católicos de España, pues él era el representante de Dios en la Tierra y como tal, podía realizar dicha donación. De esa manera, de la noche a la mañana, todos los indígenas que por siglos habían ocupado estas tierras, quedaron privados de ellas.

Querría decir lo anterior, que si los reyes de España quisieran reivindicar la propiedad de estas tierras americanas, estarían en su pleno derecho, de acuerdo con los argumentos esgrimidos por el pueblo de Israel. 

Bien difícil la situación, pues de alguna manera se enfrentan dos religiones: la islámica y la judía, sin que pueda mediar argumento racional alguno. 

Esperemos que llegue el momento en que la presión internacional obligue a dialogar, y frenar una posible tercera guerra mundial.

 

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