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sábado, junio 22, 2024

SOS Circunvalar

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Andrés García

Columnista

El reconocido sector – de arquitectura tradicional, renovados parques y modernas construcciones junto a árboles que florecen en agosto y en diciembre visten bombillos blancos, en alusión a la época navideña – agoniza. El ruido que diariamente producen la mayoría de los establecimientos nocturnos, como gastrobares y discotecas, ubicados principalmente entre las calles 8 y 10, acabó con la tranquilidad y la seguridad de la zona.

Gran parte de estos incumplen con la normatividad establecida en el POT, conllevando a la degradación de la calidad de vida de las familias que habitan en barrios como Los Alpes, Los Rosales y demás contiguos al parque La Julia, foco de la venta y compra de toda clase de sustancias psicoactivas, comercio sexual de menores y vertedero insalubre de restos de comida y botellas de licor, situación que conlleva a problemas fitosanitarios como la presencia de roedores y la proliferación de indigentes, quienes pernoctan y defecan en vías públicas a plena luz del día.

El estridente ruido de los bares genera caos y propicia el consumo desmesurado de bebidas embriagantes en las calles, en contra a lo establecido en el Código de Policía. Una persona alicorada no mide sus actos. Tampoco respeta andenes ni calles y menos a los residentes. Una vez cierran los establecimientos nocturnos, el punto de reencuentro – hasta las 7 u 8 am del día siguiente – es el Parque La Julia donde los excesos continúan perpetuando, de lunes a lunes, el escabroso círculo vicioso descrito.

Hay que precisar que tanto Policía Metropolitana como Secretaría de Gobierno del municipio y ATESA han acudido al clamor de la comunidad; sin embargo, ha sido insuficiente. El problema se desbordó. Urge de una acción conjunta donde la CARDER realice una rigurosa auditoría a los decibeles de los centros nocturnos y obligue a su insonorización, so pena de su cierre definitivo, así como de una acción judicial donde la autoridad sancione a quien incumpla.

A la ciudad le asiste una enorme responsabilidad en la ayuda efectiva de esta grave problemática social. Las antiguas cabalgatas que recorrieron durante años la Circunvalar y las permisivas celebraciones de hinchas alicorados, ante los triunfos de nuestra Selección Colombia satanizaron el sector, creando la falsa percepción de que Circunvalar es sinónimo de descontrol, abuso y desmanes.

Establecimientos y residentes deben aprender a convivir entre sí, pero la situación actual no puede continuar. El libre derecho al trabajo no puede afectar el derecho a la salud, el descanso y la tranquilidad de las miles de familias que habitan en el sector. Urgen acciones. ¡La Circunvalar es una bomba de tiempo!

(Estos conceptos no comprometen a la RAP Eje Cafetero, entidad de la que soy Jefe de Comunicaciones).

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