Sonría con amor y alegría

Por: Rubén Darío Franco Narváez

La sonrisa cuesta menos que la electricidad y da más luz. – Proverbio escocés.

Ayer, brindé con orgullo por mi querida Pereira en el Día Internacional del Café; hoy, mi espíritu vuelve a conmoverse al contemplar la esencia misma de nuestra tierra: el rostro amable y la sonrisa auténtica de la mujer pereirana; esa expresión sublime, capaz de provocar un auténtico terremoto de amor en el corazón. Por ello, en este viernes victorioso, me sumo con el alma encendida a la celebración del DÍA MUNDIAL DE LA SONRISA en mi amada » Perla del Otún».

Hoy, 2 de octubre de 2026, enarbolo con gratitud mi divisa cotidiana: «Sonría, sonría, sonría con amor y alegría». Cada instante en esta tierra, representa un regalo supremo de la providencia; y no encuentro forma más digna de honrar el milagro de la existencia que dando gracias a Dios, por cada segundo de vida. En esa gratitud sincera, es donde la vida cobra su sentido más hondo; recordándonos que el tiempo es un lienzo sagrado, que exige ser pintado con la luz de nuestra mejor actitud.

Considero, desde lo más profundo de mi ser, que la sonrisa es la manifestación más pura de nuestro paso terrenal. Es la huella digital del alma, el lenguaje universal de la compasión y el puente indestructible que nos conecta con los demás desde la nobleza. En un mundo vertiginoso que a menudo camina en la prisa y el silencio, regalar un gesto amable es sembrar un destello de paz en el camino del prójimo, transformando de inmediato lo cotidiano en extraordinario.

Cuando sonreímos, acontece un milagro invisible pero transformador: borramos los sinsabores, sanamos las grietas del ayer y reconstruimos la mirada hacia un futuro pleno de felicidad. La sonrisa disipa cualquier sombra del pasado y abre nuestros ojos hacia una esperanza renovada, demostrando que, sin importar las tempestades o contratiempos, siempre prevalecerá un motivo superior para abrazar la vida con fe, amor y una alegría inagotable.

Pasan los años y cambian los tiempos, pero el mayor atractivo y la verdadera atracción de nuestra ciudad seguirá siendo, sin duda alguna, la Sonrisa Celestial de la auténtica mujer pereirana.

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