Solo queda una mujer en “la calle del encuentro”

Duberney Galvis

Recorrimos varias cuadras desde la plaza de Bolívar hasta llegar a la conocida como “calle del encuentro”, la peatonal después de cruzar el puente sobre la Ferrocarril. El 90 % de las viviendas de la cuadra se derrumbaron.

Queda un local en pie. Aunque a oscuras, está abierto. Una venta de cacharros y mecato. Lo atiende una mujer de edad adulta. Para llegar a la puerta toca subirse a los ladrillos de lo que era el segundo piso. En ese pequeño espacio vive y trabaja Luz Aleyda Soto Villada. Tiene dos hijos, uno en condición de calle y otro que ‘vivía a la vuelta’. También se cayó en el terremoto.

Por cerca de tres décadas fue vendedora ambulante y cuando le exigieron dejar el puesto pudo ubicarse aquí. Debido a la fortaleza de haber trabajado en la selva de cemento responde con sinceridad en la mirada, que ella está “tranquila, agradecida por esta segunda oportunidad de vida, a la voluntad de Dios”.

Explica que tiene el local abierto porque de eso vive. “Porque nadie viene a preguntar cómo estamos, cómo vamos a seguir viviendo, es como… sálvese quien pueda”.

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