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jueves, abril 18, 2024

Sin partidos esperando el Mesías

Es tendencia

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Adriana Vallejo

Columnista

En la actual campaña de múltiples candidatos a la presidencia es común encontrar personas en contra de uno o de varios precandidatos por diferentes motivos, razones o sentimientos. Hay personas completamente indiferentes al proceso electoral y un porcentaje bajo ya definió su voto.

Después de la Constitución Política de 1991, el país pasó de contar con dos partidos fuertes (Liberal y Conservador) a tener una proliferación de partidos y movimientos, que en nada han contribuido a resolver los problemas de la democracia colombiana.  Continúa baja la participación ciudadana en los certámenes electorales, falta control sobre el origen de los recursos de las campañas políticas y sigue igual el clientelismo y la corrupción.

El remedio terminó peor que la enfermedad y Colombia al igual que otros países de América Latina y el Caribe, por falta partidos políticos fuertes, es vulnerable a la llegada de líderes populistas que una vez elegidos pretenden perpetuarse en el poder, como le ocurrió a Venezuela.

Colombia ha tenido presidentes buenos, regulares y malos. Hasta el momento, ninguno de ellos ha llegado a ganar las elecciones sin apoyo de los partidos políticos. Los buenos presidentes tienen carácter, capacidad de liderazgo y gestión, mantienen la gobernabilidad y no pierden la independencia porque recibieron el apoyo de un partido político o de una persona que pertenece a ellos.

No se debe seguir alimentando el malestar y la estigmatización a los partidos políticos por los errores de algunos de sus integrantes. Los precandidatos están compitiendo por ser cada uno el más “independiente” de todos. Los movimientos por firmas están disparados en estas elecciones porque son una manera de demostrar “independencia”. Los medios de comunicación le hacen eco a todo ese discurso en contra de la institucionalidad. Los partidos son instituciones necesarias.

En la actividad política se trata de sumar, se trata de unir, se trata de proponer para mejorar las condiciones de la sociedad, no de dividir, ni de excluir a los partidos que su papel, entre otros, es servir de enlace entra la sociedad civil y el Estado.

El líder que necesita el país no debe polarizar más la sociedad debe unirla alrededor de los grandes propósitos de la nación y su agenda debe incluir la recuperación de la confianza en   los partidos políticos y no su desaparición. Los partidos también deben hacer un mayor esfuerzo por renovarse y sintonizarse con la gente.

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