Sigue temblando

Fabian Henao Ocampo

Desde el pasado 10 de agosto vivimos en la zozobra constante. La tierra no ha dado tregua y cada movimiento nos recuerda la fragilidad de lo que construimos, manteniendo a toda la ciudad con los sentidos alerta y el miedo a flor de piel ante cualquier movimiento repentino, nada extraño para una región en la que los movimientos de la tierra son constantes. 

Según los registros habituales del Servicio Geológico Colombiano (SGC), en el país se producen en promedio unos 2.500 sismos al mes (cerca de 80 al día), aunque la gran mayoría son pequeños, imperceptibles y solo detectados por los sismógrafos.

Hace unos días me encontré a una señora muy asustada diciendo que había visto en un video que ya estábamos esperando el Megaterremoto y  lo daba por hecho, era ya o ya.  Con toda la calma le expliqué que no era posible predecir tal acontecimiento. Científicamente no es posible predecir un terremoto con exactitud. 

A pesar de la ciencia, de los sismógrafos y de la inútil manía humana de querer ponerle fecha al destino, la incertidumbre sigue mandando la parada. Al final, lo único seguro en esta tierra movediza es que, entre alertas y temores, aprendemos a convivir con el movimiento del suelo, sabiendo que el planeta tierra es una nave y una nave tiene que moverse. 

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