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domingo, mayo 19, 2024

Si ven, viene la guerra por el agua, actuemos

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 Por: JORGE EDUARDO MURILLO MEJIA

Crónica de una muerte anunciada; la sequía de los últimos tres meses de la manera extrema que se produjo muestra el principio de lo que pasará en no menos de 15 años. Viene la guerra por el agua a causa de su escasez; el líquido vital, siempre fue abundante y ahora tiende a su desaparición. Eso parecería imposible y los que pensaran así serían extremadamente negativos; pero no, ver los embalses en Cundinamarca y Antioquia casi secos en su totalidad es una realidad; la cadena que eso conlleva es desoladora y muestra un panorama gris demasiado cerca de negro.  En los últimos 50 años siempre han ocurrido sequías fuertes, calores exagerados, embalses y ríos muy bajos en sus niveles y caudales; pero lo presentado en el mes de abril es la tapa del congolo; la razón es demasiado evidente, SE INICIÓ EL RACIONAMIENTO DE AGUA EN BOGOTÁ Y ANTIOQUIA. Lo preocupante es ver municipios donde la gente pasa a pie de una orilla a otra de un río. Lo preocupante es ver poblaciones como Guatapé sin el precioso paisaje de un gran embalse. Lo preocupante es oir que la gente solo se debe bañar 2 o 3 veces a la semana y que una vez el agua se utilice para lavar, después debe utilizarse para el inodoro. Lo preocupante es ver el deterioro de la economía, donde no hay pesca, no hay sembrados, no hay gastronomía, hotelería, turismo ni comercio, es decir los ingresos bajan y la pobreza asoma. Lo que está sucediendo hoy es el mejor aviso de que en muy pocos años vendrá la guerra por el agua, habrá más escasez y se volverá muy costosa; la calidad de vida en muy poco tiempo se deteriorará. Ya en Bogotá empezaron los tires y aflojes sociales entre ricos y pobres; por qué en unos sectores se raciona por días, mientras en los condominios con tanques de reserva no lo hacen. En fin, las nuevas generaciones a preocuparse. Mientras tanto los retóricos hablan del CAMBIO CLIMÁTICO, una frase que se volvió de cajón que no sirve sino para vender libros, escribir columnas y gastarse la plata en toda clase de foros y presupuestos de organizaciones internacionales como la ONU. Y los culpables somos nosotros que en los últimos años no hemos castigado a los culpables, ni hacemos nada por evitarlo. En nuestras narices el transporte produce chimeneas contaminantes, la construcción no respeta las normas, la minería es ilegal, la tala de árboles es aterradora y el plástico es devorador, entre otras causas. Todos los culpables los tenemos a lado, pero corrompen. Las autoridades finalmente se dejan comprar. Tocó a los medios, líderes de opinión y ciudadanos, denunciar, pero ya.

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